Blog Fé Bíblica

Un espacio para reflexionar sobre la vida humana a partir de la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Biblia

  1. Por Julio César Clavijo Sierra - Teólogo.

    © 2021. Todos los Derechos Reservados.

    Documento elaborado como conferencia para el Congreso Nacional 2021 en México, 23 de enero, del CBAI (Colegio Bíblico Apostólico Internacional) de la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús. 

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    Los conceptos bíblicos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tal como son aplicados al único Dios, han sido de los más tergiversados y por lo tanto de los más incomprendidos dentro la teología. El problema radica en que para utilizarlos, la gran mayoría de las personas no han escudriñado lo que la Biblia enseña acerca de ellos, sino que prefieren basarse en lo que dicen los credos extrabíblicos (como por ejemplo el Credo de Atanasio). El propósito de este artículo, es ayudarle a comprender y a pensar sobre los conceptos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo con la mentalidad bíblica. 


    1. LA ESENCIA Y LOS ATRIBUTOS DE DIOS

    La Escritura revela que Dios es absolutamente uno y único en su esencia y carácter. Dios no está compuesto ni es susceptible de divisiones. (Deuteronomio 6:4-9; Salmo 72:18; Marcos 12:28-34; Juan 17:3). 

    La Escritura presenta al único Dios como una sola persona divina, no como el conjunto o la asociación de dos, tres o más personas divinas. [Aquí estoy usando “persona” significando un sujeto de sustancia consciente, racional, pensante, con diversa experiencias propias]. El trinitarismo ha propuesto extrabíblicamente que en el único Dios hay tres personas y una sola sustancia, pero esta distinción no tiene sentido alguno ya que la existencia de una persona implica siempre la existencia de un ser con una sustancia propia y completa, por lo cual no puede haber menos sustancias que personas, ni más personas que sustancias. Los seres tripersonales solo son mitología. Una persona siempre es un ser consciente de sí mismo, con una mente individual e independiente de los demás.  

    Romanos 1:20 nos informa que la propia creación testifica acerca de la divinidad eterna de nuestro Dios. “Porque las cosas invisibles de Él, SU ETERNO PODER Y DEIDAD, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas HECHAS, de modo que no tienen excusa”. Recordemos que la Biblia dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó...” (Génesis 1:27). Dios creó a Adán a su propia imagen espiritual, como una persona individual con una sola mente, un solo corazón y una sola alma. Por lo tanto, así como Adán fue creado como una sola persona humana individual, así Dios es una sola persona divina individual, porque Adán reflejó la imagen de su Hacedor. Ningún hombre ha existido nunca como algo diferente a una sola persona humana individual, y del mismo modo ningún ángel ha existido nunca como algo distinto a más de una sola persona angélica individual. De manera que quienes dicen que Dios es tres personas, no tienen excusa. 

    En la Escritura, las palabras hebreas y griegas para alma, corazón (y mente), cuando se aplican a los seres humanos, se han traducido como “persona”. Para alma tenemos el hebreo “néfesh” (Strong # H5315) y el griego “psujé” (Strong # G5590). Para corazón (o mente) tenemos el hebreo “leb” (Strong # H3820) y el griego “kardía” (Strong # G2588). Ejemplos de esto son Génesis 17:14 donde la Reina Valera ha traducido el hebreo “néfesh” como persona, y Hechos 2:43  donde se ha traducido el griego “psujé” como persona. Pues bien, cuando la Biblia se refiere a Dios de manera antropomórfica, es decir atribuyéndole características humanas para que nosotros podamos comprenderlo, siempre se refiere a Él como poseyendo una sola alma divina, un solo corazón divino, una sola mente divina, una sola voluntad divina y un solo espíritu divino,  lo que demuestra sin duda alguna que Él es una sola persona divina.

    Proverbios 6:16, dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina SU ALMA. (Singular).

    Jeremías 7:31, dice: “cosa que yo no les mandé, ni subió EN MI CORAZÓN. (Singular).

    Jeremías 32:35 (LBLA), dice: “…lo cual no les había mandado, ni me pasó por LA MENTE. (Singular)”.

    1. Crónicas 13:2, dice: “Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es LA VOLUNTAD (Singular) de Jehová nuestro Dios”.

    Joel 2:28, dice: “Y después de esto derramaré MI ESPÍRITU (Singular) sobre toda carne”.

    Nuestro Dios tiene muchos atributos o cualidades que son innatas a su Ser divino, por lo cual Dios no puede perder ninguna de estas cualidades porque Dios es inmutable, Él no cambia. La Escritura dice en Malaquías 3:6: “Yo Jehová no cambio”. El cambio es algo propio de los seres finitos pues están sometidos al tiempo y al espacio, pero como Dios es el único que habita la eternidad, entonces Él no cambia, siendo siempre el mismo (Nehemías 9:5; Salmo 102:27; Isaías 9:6; 40:27; 57:15; Hebreos 1:12, Santiago 1:17). 

    Entre los atributos que Él nos ha revelado en la Escritura, tenemos que Él es Uno (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:28-34) y Único (2 Samuel 7:22; Salmo 72:18; Isaías 37:16, 44:8, 45:21-22; Juan 17:3); que es Espíritu (Números 11:29; Salmo 51:11, 139:7-10; Juan 4:24), Eterno (Génesis 21:33; Deuteronomio 33:27; Isaías 9:6, 40:28), Autoexistente (Éxodo 3:14; 1 Samuel 2:6; 1 Timoteo 6:13), Infinito (Salmo 139:7-10; Proverbios 15:3), Perfecto (2 Samuel 22:31; Job 37:16; Mateo 5:48), Bueno (1 Crónicas 16:34; 2 Crónicas 5:13; Salmo 34:8; Mateo 19:17), Santo (Levítico 11:44; 1 Samuel 2:2; Salmo 22:3; Apocalipsis 15:4), Omnisciente (Job 42:2; Salmo 139:1-6; Hechos 2:23; 1 Timoteo 1:17), Omnipresente (1. Reyes 8:27; Salmo 139:7-13; Isaías 66:1), Todopoderoso (Génesis 17:1; 2 Corintios 6:18; Apocalipsis 15:3), Veraz (Jeremías 10:10; Juan 3:33, 17:3; Romanos 3:4; 1 Tesalonicenses 1:9), Justo (Deuteronomio 32:4; Salmo 7:11; 11:7; Apocalipsis 16:5), Soberano (Zacarías 14:9; Hechos 4:24; Judas 1:4), Padre(Salmo 103:13; Efesios 4:6; Filipenses 4:20), Pastor (Salmo 23; 80:1; Ezequiel 34:12), Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 6:2; Jeremías 17:14), Salvador (2 Samuel 22:3; Salmos 140:7; Isaías 43:3; 45:21; 49:26; 60:16; Lucas 1:47), etc. 

    El único Dios personal puede ser mencionado por cualquiera de sus títulos o cualidades, pero siempre se trata de la misma y única persona divina actuando conforme al atributo que nos revela algo de su esencia. Nosotros no decimos que un título es el que actúa, sino que es el único Dios personal quien actúa a través del cualquiera de sus títulos o nombres descriptivos, conforme a nuestra necesidad. 

    Cualquiera aceptaría muy fácilmente que el Todopoderoso no es nadie diferente al Omnipresente, o que el Salvador no es nadie diferente al Eterno. Sin embargo, muchos sí están dispuestos a pensar extrabíblicamente para decir que el Padre es diferente al Espíritu Santo, o que el Dios que se manifestó como el Hijo [es decir como el varón perfecto – Efesios 4:13, el postrer Adán – 1 Corintios 15:45, el primogénito entre muchos hermanos que también son hijos de Dios – Romanos 8:29] no es el mismo Padre. Los trinitarios suelen mostrar textos que dicen que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios y que el Espíritu es Dios, y creen que con eso ya han demostrado la trinidad, pero si uno sigue ese mismo razonamiento entonces no llegaría a tres personas sino a muchas más, ya que también hay textos bíblicos que dicen que el Omnipotente es Dios, que el Eterno es Dios, que el Salvador es Dios, etc. De un modo similar, cuando los trinitarios llegan al texto de Mateo 28:19, dicen que “ahí están los tres” porque se lee: “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, pero no logran darse cuenta que en la Biblia es normal llamar a Dios en pequeñas porciones con varios de sus títulos. Por ejemplo, Isaías 54:5 dice: “Porque tu Marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”, por lo cual sería torpe afirmar que “ahí están los seis”.  

    De manera que aunque la falsa doctrina haya secuestrado tres atributos de Dios para intentar convertirlos en tres personas divinas, el examen cuidadoso del significado que la Biblia le da a los conceptos bíblicos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tal y como son aplicados al único Dios, nos resguardarán de toda turbación y nos mantendrán firmes en el misterio de la piedad (que hay un solo Dios que fue manifestado en carne).   


    2. DIOS COMO EL PADRE

    En muchas ocasiones la Biblia se dirige al único Dios por el título de Padre. Padre… esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero (Juan 17:1-3). “…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre…” (1 Corintios 8:6). Si el Padre es el único Dios verdadero, entonces no debemos suponer que haya alguien más que pueda ser Dios aparte del Padre. Incluso la Biblia enseña que el Padre es el único que posee el atributo de la Omnisciencia, un atributo exclusivo del Dios único, por lo cual solo el Padre es Dios. “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre (Mateo 24:36. Ver también Marcos 13.32). 

    En la Escritura Dios y Padre son términos intercambiables. Por ejemplo, Jesucristo dijo: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17). Proféticamente se anunció del Mesías: “Él me clamará: Mi Padre eres tú, mi Dios, y la Roca de mi salvación” (Salmo 89:26). El Mesías nos ha hecho “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1:6). El apóstol Pablo escribió: “Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre (1 Timoteo 1:2) y “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:6).  Esto mismo lo hicieron Pedro y Santiago (Santiago 3.9, 1 Pedro 1:3). El apóstol Santiago también escribió: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). Adorar a Dios es adorar al Padre (Juan 4:23-24). (Ver también: Mateo 23:9; Juan 8:41; 8:54; 16:27-28; Romanos 1:7; 1 Corintios 1:3; 15:24; 2 Corintios 1:2-3; Gálatas 1:3-4; Efesios 1:2-3; 4:6; 6:23; Filipenses 1:2; 2:11; 4:20; Colosenses 1:2-3; 2:2; 3:17; 1 Tesalonicenses 1:1-3; 3:11-13; 2 Tesalonicenses 1:1-2; 2:16; 1 Timoteo 1:2; 2 Timoteo 1:2; Tito 1:4, Filemón 1:3; 1 Pedro 1:2-3; 2 Juan 1:3; Santiago 1:27; 3:9; Judas 1:1).

    Hemos visto que en la Biblia se habla de Dios como Padre en varias ocasiones, pero Padre no aparece nunca como el nombre propio de Dios, sino como uno de sus nombres descriptivos, o mejor dicho como uno de sus títulos, y por eso se le llama Padre Eterno (Isaías 9:6). Por lo tanto, Padre es una designación que describe ciertas formas en las que Dios se relaciona con el hombre. Dicho título describe: (1°) que Dios es nuestro Creador y que el origen de todo lo creado está en Él, y (2°) que Dios tiene una relación paternal con nosotros que somos sus hijos 


    2.1. Como el Padre, Dios es Nuestro Creador

    Padre puede significar origen, fuente, principio, autor, fundador o creador de algo. [1] De tal modo que Dios es llamado el Padre, en el sentido de que Él es el único Creador y Originador de todo el universo. En el diseño, la belleza y el orden de la creación, se aprecia al Padre Bueno que ha querido advertir a sus criaturas de su sabiduría e inmenso poder. 

    Los escritores bíblicos relacionaron de manera directa el concepto de Padre aplicado a Dios, con la verdad de que Él es nuestro Creador. Moisés escribió: “¿Así pagáis a Jehová, pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu Padre que te creó? Él te hizo y te estableció. (Deuteronomio 32:6). El profeta Malaquías dijo: “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?...” (Malaquías 2:10). Isaías también escribió: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros”. (Isaías 64:8). Igualmente, Dios llama a los hombres sus hijos, porque Él es su Creador y ellos obra de sus manos. “Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé” (Isaías 45:11-12). El apóstol Pablo, dijo: “Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él…” (1 Corintios 8:5-6). Dios mismo, hablando poéticamente a Job, le dijo: “¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?” (Job 38:28). 


    2.2. Como el Padre, Dios Tiene una Relación Paternal con Nosotros

    En varias partes, la Biblia explica que así como nosotros hemos tenido una relación de hijos con nuestros padres terrenales, de la misma manera los creyentes tenemos una relación de hijos con nuestro Dios quien es nuestro Padre celestial (Mateo 6:14, Lucas 11:13). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen”(Salmo 103:13). “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10). “Pero tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre, nuestro Redentor perpetuo es tu nombre” (Isaías 63:16). “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo Padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy Señor, ¿dónde está mi temor? Dice Jehová de los ejércitos a vosotros…”(Malaquías 1:6). “A lo menos desde ahora, ¿no me llamarás a mí, Padre mío, guiador de mi juventud?... Yo preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos, y os daré la tierra deseable, la rica heredad de las naciones? Y dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis de en pos de mí”. (Jeremías 3:4, 3:19). “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:43). “…Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre(1 Juan 2:13). “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo (Apocalipsis 21:7).

    Cuando un padre disciplina positivamente, se gana la reverencia de sus hijos y fortalece en ellos el respeto por los valores, las normas morales y la autoridad, mejorándoles su carácter y protegiendo sus vidas, contribuyendo así al desarrollo sano y feliz de sus hijos. Con todo, es mucho mejor obedecer a nuestro Padre celestial, y en dado caso recibir la disciplina que con amor nos imparta, ya que su objetivo es alertarnos para que no sobrepasemos los límites que nos conducen a la destrucción, y para que nos entrenemos en andar por los senderos de la justicia. “Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12). “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?” (Hebreos 12:9). “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 5:1). “como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” (1. Pedro 1:14-17). “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”(1 Juan 2:15-17).

    En el Nuevo Testamento, se usa la denominación de Padre aplicada a Dios en referencia a la adopción de los creyentes. A causa del pecado, el hombre se ha alejado de su Dios y Padre, pero por medio de la obra de Jesucristo puede renacer como hijo de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13). “Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre” (1 Juan 2:13). “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1. Juan 2:15-16). “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. (2 Corintios 6:17-18). “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:14-16). “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”(Colosenses 1:12). 

    En ese sentido no todos los seres humanos son hijos de Dios, sino solamente los que creen en Jesucristo y son guiados por el Espíritu de Dios son los que han recibido el poder y el privilegio de ser hechos hijos de Dios. Estos son los renacidos por el nuevo nacimiento del agua y del Espíritu (Juan 3:3-7), tanto judíos como gentiles, herederos de la promesa por medio de la fe (Gálatas 3:26-29). “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción por el cual clamamos ¡Abba, Padre! (Romanos 8:14-15). 

    Abba, es la palabra aramea que se utilizaba para hablarle al padre de familia dentro del íntimo círculo familiar, y se puede traducir como papá o papito. Era la expresión comúnmente usada por los niños pequeños para referirse a su padre, pero a veces también lo utilizaban los adultos en su lenguaje afectivo con su progenitor. Ho patër (padre), es la traducción al griego. Jesucristo enseñó “a sus discípulos a dirigirse al Padre celestial como se dirigirían a su propio padre en el seno de la familia: Abba. [Marcos 14:36]. Ello pone de manifiesto la insistencia de Nuestro Señor en que sus discípulos vieran en el Padre celestial un verdadero Padre con el cual podían tener una total confianza, sentirse como «en su casa», y con el que podían vivir una plena intimidad”. [2] Abba es una forma de dirigirse a Dios con sencillez, cariño y seguridad, demostrando que se vive en una relación de plena confianza con el Dios que es nuestro Padre. 

    Por el gran amor del Padre, ahora somos hijos de Él. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él” (1 Juan 3:1). No somos huérfanos, pues tenemos al Padre viviendo en nosotros por medio de su Espíritu. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). Al convertirnos en hijos de Dios, entonces nos hacemos herederos de todas las bendiciones y las promesas que Dios nos ha hecho por medio de Cristo. “Y por cuanto sois hijos, Dios envío a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo también heredero por medio de Cristo” (Gálatas 4:5-6; comparar con Efesios 1:5). 

    Por causa de ser nuestro Padre, Dios es también nuestro Sustentador que provee nuestro alimento y recursos necesarios, y nuestro Guardador que nos cuida y defiende. 


    2.2.1. Como el Padre, Dios es Nuestro Sustentador y Cuidador

    La providencia, es el “Cuidado que Dios tiene de la creación y de sus criaturas”. [3] Como el Padre, Dios es la fuerza o energía que sustenta a su creación. “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en Él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos (Hechos 17:24-28. Cf. Salmo 104:27-30). “…vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).

    Por esa razón, nosotros  no debemos estar inquietos por nada, sino más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, debemos presentar nuestras peticiones a Dios dándole gracias (Filipenses 4:6). Así como un niño depende de sus padres terrenales, así nosotros dependemos de nuestro Padre Celestial. “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.  ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:9-13. Cf. Mateo 7:7-12). “Padre de huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada” (Salmo 68:5).

    Jesús nos enseñó que cuando oráramos e hiciéramos nuestras peticiones a Dios le llamáramos Padre. Además, hay algo innato en los seres humanos, que los lleva a que por lo general cuando van a hacer sus peticiones a Dios lo llamen Padre. “Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal(Lucas 11:2-4). “…vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:8). “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:25-33). Así, “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). (Cf. Salmo 121). 

    Del mismo modo, como Padre Dios prometió restaurar y guardar al remanente de Israel. “…Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel… con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por Padre, y Efraín es mi primogénito… Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra… ¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿No es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová” (Jeremías 31:7-20).

    Curiosamente la semejanza de una madre es también utilizada para el mismo fin de presentar a Dios como nuestro cuidador y sustentador. “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” (Isaías 49:15). 


    3. DIOS COMO EL ESPÍRITU SANTO

    Los escritores bíblicos llamaron al único Dios con el título de Espíritu Santo, (1°) para referirse a la naturaleza de Dios, (2°) para enfatizar que Dios es Invisible y (3°) Omnipresente, y (4°) para enfatizar que Dios puede llenar a los hombres haciéndolos sus templos.    


    3.1. Espíritu Santo, es Una Referencia a la Naturaleza de Dios

    La Escritura dice que Dios es Espíritu (Juan 4:24), y que solo Él es Santo (Apocalipsis 15.4), por lo cual es apenas natural que el Dios único sea llamado el Espíritu Santo. Espíritu hace referencia a la esencia de Dios, y Santo hace referencia a su perfección moral. 

    En el idioma hebreo, la palabra que traduce espíritu es rúaj (Strong #H7307), que significa “la expresión y funciones” de un ser racional. [4] La palabra griega equivalente es pneuma (Strong #G4151). De manera que cuando la Biblia habla del Espíritu de Dios, simplemente se está refiriendo al ser, la conciencia, la mente, la actividad o la personalidad de Dios, tal como cuando habla del espíritu del hombre refiriéndose al ser interior, la conciencia, la mente, la actividad o la personalidad del hombre. Esto queda suficientemente claro en 1 Corintios 2:10-11, donde se dice que así como el espíritu del hombre que está en el hombre, sabe las cosas de ese hombre, asimismo el Espíritu de Dios que está en Dios, conoce todas las cosas de Dios.  

    “…porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. (1 Corintios 2:10-11. Confrontar con Salmo 142:3 y Efesios 4:23). 

    Dado que hay un único Dios, por esa razón solo hay un Espíritu de Dios (1 Corintios 12:11-13; Efesios 4:3-4). Dios habla de su Espíritu, no de sus “Espíritus” (Génesis 6:3; Isaías 30:1, 34:16; Ezequiel 36:27, 37:14, 39:29; Joel 2:28-29; Hageo 2.5; Zacarías 4:6, 6:8; Mateo 12:18; Hechos 2:17-18). Del mismo modo los hombres pueden hablar de su espíritu humano (Génesis 49:6, Job 6:4, 7:11, 10:12, 21:4; Salmo 31:5, 77:3, 77:6, 142:3, 143:4, 143:7; Isaías 38:16, 42:1, 44.3; Ezequiel 3:14; Daniel 2:3; Lucas 1:47, 23.46; Hechos 7:59; Romanos 1:9; 1 Corintios 5:4; 1 Corintios 14:14, 16:18; 2 Corintios 2:13).

    En la Biblia, Dios y el Espíritu Santo son términos intercambiables, porque hablar del Ser de Dios es hablar de Dios mismo. Por eso da lo mismo decir que Dios creó al hombre y que sopló en su nariz aliento de vida (Génesis 1:27, 2:7), o que el Espíritu de Dios fue el que lo hizo (Job 33:4). Es idéntico decir que toda la Escritura fue inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16), o que fue inspirada por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21). Es igual decir que Dios habló por boca de David (Hechos 4:24-25) o que el Espíritu Santo habló por boca de David (Hechos 1.16). Da lo mismo decir que Jehová prometió que establecería un nuevo pacto (Jeremías 31:31-4), o que el que lo prometió fue el Espíritu Santo (Hebreos 10:15-17). Es invariable decir que Jehová alzó a Elías en un torbellino hacia el cielo (2 Reyes 2:1), o que el Espíritu de Jehová lo hizo (2 Reyes 2:1). Es equivalente decir que Jehová tiene un conocimiento insondable y pleno (Isaías 40:28; 1 Juan 3:20), o que el Espíritu de Jehová sabe todas las cosas y no necesita ser enseñado o aconsejado por nadie (Isaías 40:13-14). Da lo mismo decir que Jehová pastorea a su pueblo (Salmo 23:1), o que el Espíritu de Jehová es el que pastorea a su pueblo (Isaías 63:14). Es igual decir que los creyentes son nacidos de Dios (1 Juan 3:9, 5:18) o nacidos del Espíritu (Juan 3:6-8). Ser lleno de Dios es ser lleno del Espíritu Santo (1 Corintios 3.16-17, 6:19-20). Mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios (Hechos 5:3-4). Etc. 

    Los trinitarios, han propuesto equivocadamente, que el Espíritu Santo es “una persona divina” dentro de una “deidad multipersonal”, pero Juan 4:19-24 refuta esto al precisar que el Dios único que es llamado el Padre (Juan 17.3, 1 Corintios 8:6) es también el Espíritu Santo. Cuando la mujer samaritana le preguntó a Jesús que si era en Jerusalén o en el monte donde estaba el Pozo de Jacob donde se debía adorar, Jesucristo le respondió que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu (con todo su ser, alma y corazón) y en verdad (conforme a su Palabra) porque Dios es Espíritu, y por tanto se le puede adorar en cualquier lugar.  

    Por lo anterior, el único Espíritu es llamado indistintamente el Espíritu Santo o el Espíritu del Padre. Por ejemplo, en Marcos 13:11 se dice: “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. Pero el pasaje paralelo de Mateo 10:19-20, dice: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”

    Del mismo modo, da igual decir que Dios es el Padre que engendró milagrosamente al Hijo Jesús en la matriz de María (Salmo 2:7; Juan 1:14, 3:16-18; Hebreos 1:5, 5:5), o decir que el Espíritu Santo engendró al Hijo Jesús en la virgen María (Mateo 1:18-21; Lucas 1:34-35). Da lo mismo decir que los santificados son nacidos de Dios (1 Juan 3:9; 4:7; 5:4) o nacidos del Espíritu (Juan 3:6-8). También da lo mismo decir que Dios levantó a Jesús de entre los muertos (Hechos 2:22-24, 13:29-30, Romanos 10:9) o decir que el Espíritu de Dios levantó a Jesús de entre los muertos (Romanos 8:11; 1 Pedro 3:18). Dios Padre sabe todas las cosas (Deuteronomio 29:29; Marcos 13:32; Hechos 1:7; 1 Juan 3:20) pero solo el Espíritu lo sabe todo (1 Corintios 2:10-11). 

    Como el único Dios verdadero es llamado también el Espíritu Santo, es apenas lógico que se diga que el Espíritu Santo es el dueño de los atributos divinos de la eternidad (Hebreos 9:14), la omnisciencia (Isaías 40:13-14; 1 Corintios 2:10-11), la omnipresencia (salmo 139.7-10), la omnipotencia (Job 33:4) y que es el Creador de todo (Génesis 1:1-3; Job 26:13, 33:4; Salmo 104:30). También es lógico que se diga que el Espíritu Santo es el que convence al hombre de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8).  

    Debido a versículos que hablan del poder del Espíritu (Miqueas 3:8; Lucas 4.14; Hechos 1.8; Romanos 15:13, 15:19), o de la fuerza del Espíritu (Zacarías 4:6), algunos han propuesto equivocadamente que el Espíritu no es Dios mismo, sino una fuerza impersonal o una energía activa que proviene de Dios. Sin embargo, una cosa es hablar del poder o la fuerza del Espíritu, mientras que otra muy distinta es hablar del Espíritu Santo en sí mismo, que como ya se demostró, no es nada distinto al Ser de Dios, que es Dios mismo. Algunos textos que nos sirven para demostrar la personalidad del Espíritu Santo en su calidad del único Dios, son por ejemplo Hechos 15:28 que dice que al Espíritu Santo le pareció bien no imponerles a los creyentes ninguna carga innecesaria, 1 Corintios 12:11 que dice que el Espíritu Santo reparte dones a los hombres tal como Él lo quiere, Isaías 63:10 donde dice que los hombres rebeldes hacen enojar al Santo Espíritu, Hechos 7:51 donde Esteban acusó a sus adversarios de resistir siempre al Espíritu Santo, Mateo 12:31 y Marcos 3.29 donde Jesucristo habló del pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo, Hebreos 10:15-17 donde el Espíritu Santo dio testimonio de que establecería un Nuevo Pacto, y Efesios 4:30 donde Pablo habló de que no debemos entristecer al Espíritu Santo.         


    3.2. El Título de Espíritu Santo, Enfatiza que Dios es Invisible

    El término Espíritu Santo, enfatiza de manera particular que el único Dios es invisible. La palabra hebrea rúaj, así como la palabra griega pneuma, significan tanto aire como espíritu. Así como el aire es invisible pero lo sentimos, así Dios es invisible pero existe en el mundo espiritual, siendo llamado incluso el Padre de los espíritus (Hebreos 12:9). 

    La Biblia dice que el único Dios que es el Padre es invisible (Job 9:11; Juan 1.18; Romanos 1:20; Colosenses 1.15; 1 Timoteo 1:17; Hebreos 11:27), y esto solo es posible porque el Dios Padre es Espíritu y es Santo, siendo verdaderamente el único Espíritu Santo (Efesios 4:4).  


    3.3. El Título de Espíritu Santo, Enfatiza que Dios es Omnipresente

    Ya hemos visto que cuando el único Dios es llamado por el título del Espíritu Santo, también se atribuyen a Él los atributos divinos de la eternidad, la omnisciencia, la omnipresencia y la omnipotencia. Sin embargo, el título de Espíritu Santo hace un énfasis particular en la omnipresencia divina, pues dado que Dios no está limitado a un cuerpo físico, y dado que Él no es como los demás seres espirituales que sí son limitados, entonces Él puede llenarlo todo con su Espíritu. 

    El Salmo 139:7-10, dice: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”.

    Isaías 57:15, al mencionar el espíritu del hombre, habla implícitamente de Dios como el Espíritu que habita en el cielo, pero que también habita con el hombre contrito y humilde. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”

    Dado que Dios es Espíritu, Él puede llenarlo todo, tanto el cielo como la tierra.

    Jeremías 23:24. “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?”


    3.4. El Título de Espíritu Santo, Enfatiza que Dios Puede Llenar a los Hombres

    Una de las razones principales por las cuales la Biblia llama a Dios el Espíritu Santo, es porque Él puede llenar a los hombres haciéndolos su templo y morada. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19). El hombre recibe poder cuando está lleno del Espíritu (Hechos 1:8), pero más que llenarse de un poder, el hombre que recibe el Espíritu está realmente lleno de Dios. “…Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16).

    En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios cuidó a su pueblo con su buen Espíritu (Nehemías 9:20, Salmo 143:10). Además, por medio de su Espíritu, Dios llenó y dotó a ciertos hombres de habilidades especiales. Por ejemplo a Bezaleel para el amueblamiento del tabernáculo (Éxodo 31:3-5), a Zorobabel para que dirigiera la reconstrucción del templo luego del exilio en Babilonia (Zacarías 4:6-9), y a ciertos hombres para que administraran y gobernaran al pueblo (Génesis 41:38-41; Números 11:16-29). El Espíritu de Jehová vino sobre los diversos jueces como Otoniel (Jueces 3.10), Gedeón (Jueces 6:34) y Jefté (Jueces 11:29), dándoles habilidades para convocar al pueblo, para guiarlos hacia la derrota de sus enemigos, y para traer justicia a la tierra de Israel. De manera particular se habla de la fuerza extraordinaria que recibía Sansón cada vez que el Espíritu de Jehová venía sobre él (Jueces 13:25, 14:6, 14:19, 15:4). El Espíritu de Jehová vino sobre Saúl (1 Samuel 10:6) dándole habilidades para reinar, pero luego se apartó de él (1 Samuel 16:14) y empezó el declive del reinado de Saúl. Desde la unción que Samuel le dio a David como rey, el Espíritu de Dios vino sobre David (1 Samuel 16:13); David le rogó a Dios que no quitara de él su Santo Espíritu (Salmo 51:11); y en sus últimas palabras mencionó una profecía mesiánica asegurando que el Espíritu de Jehová hablaba por medio de él (2 Samuel 23:2). En definitiva, todos los profetas de Dios hablaron por el Espíritu de Dios (Números 11:29; 1 Samuel 10:5-12, 19:20-24; 2 Crónicas 20:14; Ezequiel 2:2-4, 11:5, 37:1; Miqueas 2:6-7; Zacarías 7:11-12; Esdras 9:30-31; 1 Pedro 1:10-12; 2 Pedro 1:21).

    Desde el Antiguo Testamento, se profetizó que en los tiempos del Nuevo Testamento se experimentaría un derramamiento del Espíritu Santo sin precedentes. El Mesías sería un varón lleno de la plenitud del Espíritu Santo, y todos los miembros del pueblo de Dios estarían llenos del Espíritu Santo. 

    Acerca del Mesías se anunció: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre Él mi Espíritu; Él traerá justicia a las naciones” (Isaías 42:1). Al principio de su ministerio, Jesucristo atribuyó en sí mismo el cumplimiento de la profecía hallada en Isaías 61:1-3. “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: -‘El Espíritu  del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.’- Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Y comenzó a decirles: -Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros- (Lucas 4:16-21). En Isaías 11:1-2, se habla del Mesías poseyendo siete manifestaciones del Espíritu de Dios, lo cual implica que el Mesías posee una medida completa del Espíritu (y no que existan siete diferentes Espíritus de Dios, pues como ya lo vimos, solo hay un Espíritu de Dios – Efesios 4:4). “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre Él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová” (Isaías 11:1-2. Confrontar con Apocalipsis 3:1, 4:5, 5:6). El hombre Cristo fue lleno del Espíritu Santo, y por lo tanto fue guiado por el Espíritu y ejerció su ministerio bajo el poder del Espíritu (Mateo 4:1, 12:28; Marcos 1:12; Lucas 4:1, 4:14-15, 10:21). 

    Hablando del Nuevo Pacto, Ezequiel profetizó que este sería uno en el cual Dios podría su Espíritu dentro de nosotros (Ezequiel 36:25-27). También mencionó que cuando el Espíritu de Dios estuviera dentro de nosotros, entonces viviríamos (Ezequiel 37:13-14). Pablo lo ratifica al decir que el Espíritu vivifica (2 Corintios 3:6). El profeta Joel aseguró que el Nuevo Pacto consistiría en que Dios derramaría de su Espíritu sobre sus siervos y sobre sus siervas (Joel 2:28-29). El apóstol Pedro explicó durante el día de Pentecostés en que nació la Iglesia, que el bautismo del Espíritu Santo que ellos recibieron, era el cumplimiento de la profecía de Joel (Hechos 2:17:21). El profeta Isaías profetizó que el derramamiento del Espíritu traería fertilidad, justicia, paz, reposo, seguridad y palabra de Dios (Isaías 32:15-17; 44:3-5; 59:19-21). Jesucristo lo ratificó al hablar del Espíritu como ríos de agua viva (Juan 7:37-39). Zacarías profetizó que en el Nuevo Pacto Dios derramaría sobre nosotros Espíritu de gracia (Zacarías 12:10). El pacto de libertad de la esclavitud del pecado, consiste en que Dios ha hecho morada en nosotros. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2. Corintios 6:17). Por eso Jesucristo nos ordenó: “¡Reciban el Espíritu!” (Juan 20:22), y Pablo nos dice “sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). 

    El hecho de que los creyentes estén llenos del Espíritu Santo, significa que Dios Padre habita en ellos y que son templos de Dios, pues como ya vimos, el Espíritu Santo es el mismo Espíritu del Padre (Mateo 10:19-20; confrontar con Marcos 13:11), ya que solo hay un Espíritu (1 Corintios 12:11-13; Efesios 4:4). Al ser llenos del Espíritu, se cumple la palabra de que hemos sido hechos participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4). 

    Cuando Dios Padre ordenó la construcción del tabernáculo y luego del templo, Él mostró su deseo de morar en medio de su pueblo. “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”(Éxodo 25:8). “Y habitaré en ella en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel” (1 Reyes 6:13). 

    Cuando Jesús se identificó como el templo de Dios (Juan 2:18-21), como el verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre (Hebreos 8:2), Él dijo que el templo de Jerusalén fue destinado para ser la casa (o habitación) del Padre (Juan 2:16), y por eso se dice que en el cuerpo humano de Cristo que es el verdadero templo, es donde habita toda la plenitud del Padre (Juan 14:10-11, Colosenses 2:9), porque Él no es un templo de piedras inertes, sino la piedra viva (1 Pedro 2:4). Nosotros también como piedras vivas, somos edificados como casa (o templo) espiritual para que en nosotros viva nuestro Padre (Juan 14:17-18; 1 Pedro 2:5), pues “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14), y hemos “recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15). Dios prometió que derramaría de su Espíritu sobre toda carne (Joel 2:28-29) y por eso el Santo Espíritu que procede del Padre (Juan 15:26, 1 Corintios 2:12) viene a nosotros para que seamos llenos de nuestro Dios Padre. 

    El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (Romanos 8:16).

    “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. (2 Corintios 6:16-18).

    Recapitulando, el Espíritu en nosotros nos hace participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4), da testimonio de que somos de Cristo (Romanos 8:9), da testimonio de que no estamos huérfanos (Juan 14:17-18) porque verdaderamente somos hijos (Romanos 8:15-16) ya que nuestro Dios Padre vive en nosotros (2 Corintios 6:16-18), al convertirnos en un templo de piedras vivas (1 Corintios 3:16; 6:19; 1 Pedro 2:5). Por esta razón nosotros no debemos apagar al Espíritu en nosotros (1 Tesalonicenses 5:19) sino que debemos avivarlo (2 Timoteo 1:6).  

      

    4. DIOS COMO EL HIJO

    El título de Hijo aplicado al único Dios, nos recuerda que Dios mismo vino a salvarnos manifestado en carne. Este título nos enseña que Dios sin perder su forma de Dios como el Espíritu eterno e ilimitado, también asumió una forma de hombre (una forma de siervo) real y completa, por lo cual (1°) Dios mismo se convirtió en el postrer Adán que es el varón perfecto, (2°) en el Rey justo descendiente de David, y (3°) Dios mismo se hizo nuestro pariente redentor, nuestro hermano mayor o el primogénito entre muchos hermanos que también son hijos de Dios. También nos recuerda que (4°) Dios se hizo el Cordero (el sacrificio) que quita el pecado del mundo, que (5°) Jesús es nuestro sumo sacerdote que ahora mismo intercede por nosotros, y que (6°) Jesús es el varón de la diestra de Dios.


    4.1. El título de Hijo de Dios, Nos Recuerda que Dios Mismo se Convirtió en el Postrer Adán, el Varón Perfecto

    El primer hombre, Adán, fue llamado Hijo de Dios (Lucas 3:38), porque fue creado en inocencia, sin contaminación con el pecado, con un cuerpo inmortal, y fue puesto en el paraíso del Edén para tener comunión perpetua con Dios su Padre disfrutando de perfecta justicia y paz. Adán fue creado para gobernar sobre la creación y para procrear una descendencia de más hombres que también fueran hijos de Dios tal como él lo era. Pero al contaminarse con el pecado, perdió todo esto y comenzó a morir, y no solo él sino también toda su descendencia. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”(Romanos 5:12). Asimismo el reinado del mundo que le fue dado originalmente a Adán, le fue arrebatado por Satanás. La Escritura dice en 1 Juan 5:19 que “el mundo entero está bajo el maligno”, y el diablo también es llamado “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31) y el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2). 

    En el plan de Dios estaba determinado que Dios mismo viviría en medio de una generación de hombres santos que serían hijos de Dios para siempre. 2 Corintios 6:16-18, dice: “(…) Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. Por esta razón el primer Adán “es figura del que había de venir” (Romanos 5:14), ya que “el primer hombre [Adán] es de la tierra, terrenal; el segundo hombre [Adán], que es el Señor, es del cielo” (1 Corintios 15:47). “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, Espíritu vivificante” (1 Corintios 15:45). El postrer Adán al ser Dios manifestado en carne, es del cielo y es el Espíritu que da vida. 

    Adán en su condición de inocencia fue llamado hijo de Dios, por lo cual es apenas natural que Jesús como el postrer Adán, en su condición de varón perfecto (Efesios 4:13) sin pecado (Isaías 53:9, Hebreos 4:15) también haya sido llamado Hijo de Dios. Jesucristo el Hijo de Dios, es la expresión física del Dios único, ya que Él es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:13-15) y “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3), al punto que Él dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). El Hijo es “el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Juan 5:20).   

    Jesucristo en su condición del postrer Adán recuperará para los hombres vencedores el paraíso, la inmortalidad, la justicia y la paz. Al principio, Dios sujetó la creación a Adán (Génesis 1:28), pero ahora el hombre Jesucristo reina y ante Él están sujetos ángeles, autoridades y potestades (1 Pedro 3:22). Como el postrer Adán con su cuerpo humano glorificado, regirá sobre un nuevo reino asentado sobre unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los cuales Dios será todo en todos los que vencieron (1. Corintios 15:24-28, Apocalipsis 21 y 22). Este nuevo reino también es llamado el Reino Eterno de Nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:11; Lucas 1:31-33), donde habrá un solo trono que será conocido como el trono de Dios y del Cordero (Apocalipsis 22:3), pues todos los que estén presentes allí, entenderán que Jesucristo es el único Dios manifestado en carne, y que donde se sienta el Cordero se sienta Dios mismo en la manera en la cual Él determinó estar con nosotros para siempre. 


    4.2. El título de Hijo de Dios, Nos Recuerda que Dios Mismo se Convirtió en el Rey Justo Descendiente de David

    Dios le juró a David que “de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono” (Hechos 2:30). La promesa dada a David, fue: “y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré de tu descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. Yo le seré a Él por Padre, y Él me será a mi por hijo; y no quitaré de Él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti; sino confirmaré su trono eternamente y para siempre” (1 Crónicas 17:11-14). Los verbos en futuro (le seré, y me será), demuestran que para el tiempo en el que fue dada la profecía, el Hijo todavía no existía.   

    Cristo, el Hijo de Dios, dijo: “Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22:16). Jesucristo es la raíz de David, en el sentido de que Él es el origen o el fundamento del reinado de David pues Él es Dios del cual proceden todas las cosas; y es el linaje de David en el sentido de que según la carne es un descendiente de David (Romanos 1:3). El anterior razonamiento está en el mismo sentido de Romanos 9:5 que dice que según la carne Cristo desciende de los patriarcas, pero que a la vez Él “es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”. Asimismo, este entendimiento responde al dilema ante el cual Jesús sometió a los fariseos al preguntarles: “Pues si David le llama Señor [al Cristo], ¿cómo es su hijo?” (Mateo 22:45). Estaba profetizado que el Mesías nacería en Belén, pero a su vez se había declarado que éste que vendría como el Mesías (el Hijo de David, el Rey de Israel), es el único Dios eterno. “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2). 

    El Hijo de Dios siendo el hombre perfecto, sólo empezó su existencia real el día en que fue engendrado, pues estaba profetizado que sólo hasta el día de su engendramiento, Dios confesaría, “mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Salmo 2:7). La palabra “hoy”, hace claridad sobre un tiempo específico en el que aparecería uno llamado Hijo de Dios. Así, de acuerdo con la Palabra de Dios, está claro que el Hijo fue engendrado en el tiempo y no en la eternidad. Se llama Hijo de Dios, porque Dios engendró en la virgen María, a esa humanidad en la cual Él mismo se manifestó (Mateo 1:18-20). El Santo ser que nació fue llamado Hijo de Dios (Lucas 1:35). Dios no envió a ningún “Hijo preexistente” que habitaba en los cielos, pues el Hijo nació de mujer y bajo la Ley (Gálatas 4.4). No hay ningún “Hijo Eterno” (término extraño a la Biblia), pues el Hijo fue engendrado, mostrando claramente que tuvo un principio. La Biblia habla del Hijo engendrado, no de un “Hijo eterno”. Tampoco habla de ningún “Hijo preexistente”. Aquel que se manifestó como el Hijo sí preexistió pero como el único Dios Padre eterno (Isaías 9:6, 1 Timoteo 3:16), y por eso Hebreos 1:8 expresa: “Mas del Hijo dice: Tu trono oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino”.

    El Mesías es aquel Hijo de hombre que Dios escogió para reinar sobre la humanidad estableciendo un reino de justicia en el mundo, y así Jesús es el deseado de las naciones (Hageo 2:7). En el reinado del Mesías, el nombre de Jehová será magnificado en toda la tierra (Salmo 8).  


    4.3. El título de Hijo de Dios, Nos Recuerda que Dios Mismo se Hizo Nuestro Pariente Redentor, Nuestro Hermano Mayor o el Primogénito Entre Muchos Hermanos que También son Hijos de Dios

    La ley de Moisés fue sombra y figura de nuestro Señor Jesucristo (Colosenses 2:17). En el pacto de Dios con Israel, se estableció la Ley del Pariente Redentor (en hebreo Goel). Esta ley tenía como propósito rescatar alguna propiedad que hubiera perdido alguna persona en Israel, e incluso recuperar la libertad de un israelita en caso de que hubiera tenido que venderse como esclavo, y decía así: “Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido”(Levítico 25:25). “Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará” (Levítico 25:47-48). 

    Cuando el hombre pecó, perdió su dominio pleno sobre la creación que es la herencia que Dios le otorgó. 1 Juan 5:19 dice que “el mundo entero está bajo el maligno”. Del mismo modo, cuando el hombre pecó se hizo esclavo del pecado. Juan 8:34 dice que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado y 1 Juan 3:8 dice que “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio”. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”(Romanos 5:12). 

    Para recuperar nuestra herencia (o domino pleno sobre la creación), para ser liberados de la esclavitud del pecado y para obtener nuevamente la inmortalidad, los seres humanos requeríamos de un pariente redentor que estuviera libre de la esclavitud del pecado, pues cualquier pecador esclavo no podía hacer nada por sí mismo y mucho menos por los demás hombres. El apóstol Pablo demostró la incapacidad de los hombres en este sentido al escribir: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12). David dijo lo mismo al escribir: “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”(Salmo 14:2-3). Incluso, hasta los hombres más justos también pecaron. “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20).

    Ante el clamor de la angustia del hombre pecador, la Escritura prometió que el único Dios Padre sería nuestro redentor, nuestro Goel. “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará (Isaías 35:4). “Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder (Isaías 40:9-10). “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque Él me tomará consigo” (Salmo 49:15). “Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida” (Lamentaciones 3:58). “Mira desde el cielo, y contempla desde tu santa y gloriosa morada. (…) tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre (Isaías 63:15-16). “Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44:6). “Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo” (Isaías 44:24). El redentor de ellos es el Fuerte; Jehová de los ejércitos es su nombre; de cierto abogará la causa de ellos para hacer reposar la tierra, y turbar a los moradores de Babilonia” (Jeremías 50:34). 

    Dado que Dios es el Espíritu que lo llena todo (Jeremías 23:24), Él siempre ha estado simultáneamente en el cielo y en la tierra. Por eso debemos preguntarnos en qué sentido se profetizó que Dios mismo vendría para convertirse en nuestro Redentor. 

    En Isaías 9, Dios prometió que no habría oscuridad en el mundo para siempre, pues el pueblo que andaba en tinieblas y en muerte, vería gran luz y tendría alegría abundante, ya que nos nacería un pariente redentor: “Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado (Isaías 9:6). Pero ese pariente redentor, es identificado también como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6). Como todos los hijos de los hombres nacen en pecado (Salmo 51:5), y como solo Dios es santo (Apocalipsis 15:4), entonces para proporcionarnos un pariente redentor que estuviera libre de la esclavitud del pecado, el Dios fuerte y Padre eterno prometió venir como el Niño que nos fue nacido y el Hijo que nos fue dado. Este Niño no sería un niño común y corriente, sino que sería Emanuel, Dios mismo entre nosotros en la forma de un hombre. “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14, comparar con Mateo 1:23). Por medio del nacimiento de una virgen, se cumplió la profecía de que Cristo es la simiente de la mujer que propinó la herida de muerte a Satanás, la serpiente antigua (Génesis 3:15, Apocalipsis 12:9). 

    Dios como Dios no tiene genealogía (porque es Dios eterno), pero Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros sí tiene una genealogía, porque para hacerse un hombre, Él se identificó biológicamente con toda la raza humana (Hechos 17:26). “De ellos [del pueblo de Israel] son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén” (Romanos 9:5 - NVI). 

    Dios como Dios no tiene ni carne ni sangre, pero al manifestarse en carne haciéndose un Hijo, Él sí participó de estos componentes que tienen los hijos de Dios. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él [o sea Dios el Padre] también  participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15). Dado que la muerte es la paga por el pecado, esto nos indica que la muerte de Cristo fue una muerte ilegal, porque en Cristo un hombre sin pecado estuvo muerto (Isaías 53:9; Hebreos 4:15). Por esta razón era imposible que la muerte pudiera retener a Cristo y tuvo que soltarlo (Hechos 2:24), y así por medio de su resurrección Cristo sometió  el dominio de la muerte sobre la humidad. Job ya había profetizado acerca de la resurrección de Cristo, al decir: Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27).

    Cuando un ser humano cree que la obra de Cristo es suficiente para traerle la salvación, entonces Cristo no se avergüenza de llamarse hermano de éste y se identifica como su pariente redentor. “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré” (Hebreos 2:11-12). La redención no se realiza por medio de riquezas materiales sino por la virtud de Cristo. “(…) fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir (…) no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:18-21).

    Al ser hermanos de Cristo (el varón perfecto) y por lo tanto hijos de Dios, entonces también poseemos la herencia de Cristo que corresponde a todo lo bueno que Dios deseó para el hombre en los cielos nuevos y la tierra nueva donde mora la justicia (2 Pedro 3:13). Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (...) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:17, 8:29-30).


    4.4. El título de Hijo de Dios, Nos Recuerda que Dios Mismo se Hizo el Cordero (el Sacrificio) que Quita el Pecado del Mundo

    La Escritura nos enseña que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), y por eso desde los tiempos antiguos Dios otorgó al hombre pecador la posibilidad de expiar sus pecados a través de algún animal que moría en lugar del pecador (Hebreos 9:13). “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión (Hebreos 9:22). Sin embargo todos esos sacrificios fueron tipo de Cristo, el Cordero de Dios (el verdadero sacrificio) que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:27-28).

    Dios como Dios no tiene carne y sangre, pero Dios manifestado en carne como el Hijo sí llegó a poseer sangre, al punto que la Biblia dice que Dios ganó a la iglesia con su propia sangre. “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que Él adquirió con su propia sangre(Hechos 20:28).

    Dios y el Cordero son uno y el mismo, y por eso la Biblia habla de un solo trono, de un solo rostro y de un solo nombre para Dios y el Cordero, y dice que sus siervos le(en singular) servirán (Apocalipsis 22:3-4). En la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:2) no habrá necesidad de una construcción que sirva como templo (o tabernáculo), “porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero” (Apocalipsis 21:22. Ver también 21:3).

    Por su condición de Padre eterno, Jesús se reveló al apóstol Juan como el primero y el último, el que vive por los siglos de los siglos (Comparar con Isaías 41:4; 44:6, 48:12). Pero por su condición de Hijo, de varón perfecto, Jesucristo se identificó como el que vive y estuvo muerto. “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y Él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18)


    4.5. El título de Hijo de Dios nos Recuerda que Dios Mismo se Hizo Nuestro Sumo Sacerdote que Ahora Mismo Intercede por Nosotros

    Cuando Jesucristo resucitó, Él continuó manteniendo su existencia como Hijo, como hombre perfecto, pero ahora con un cuerpo glorificado, poderoso e incorruptible (1 Corintios 15:42-45). Sabemos que esto es así, porque la Biblia dice que en el cuerpo de Jesús habita (en tiempo presente) toda la plenitud de la deidad (Colosenses 2:9). Tenemos la promesa de que si permanecemos en el evangelio, nuestro cuerpo será transformado en un cuerpo semejante al cuerpo glorioso de Cristo (Filipenses 3:20-21). Actualmente, el hombre Jesús glorificado actúa como nuestro sacerdote, siendo el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).

    Si Jesucristo no fuera un hombre real, entonces no podría ser nuestro sumo sacerdote, “Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados” (Hebreos 5:1). La Ley de Moisés constituía como sumos sacerdotes a hombres débiles que tenían que ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados y luego por los del pueblo, pero nuestro sumo sacerdote Jesucristo siendo el hombre perfecto para siempre, es santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y más sublime que los cielos (Hebreos 7:26-28). Él puede compadecerse de nuestras debilidades pues fue tentado en todo de la misma manera que nosotros, pero resultó victorioso y no cometió pecado (Hebreos 4:15). 

    Los demás sacerdotes llegaron a ser muchos, porque como morían no podían continuar. Jesucristo ha resucitado para permanecer para siempre y tiene un sacerdocio inmutable, de manera que puede interceder continuamente por nosotros ante Dios, y por ende su pacto es mejor que el pacto de la Ley (Hebreos 7:22-25). [5] 


    4.6. El título de Hijo de Dios nos Recuerda que Dios Mismo se Hizo el Varón  de la Diestra de Dios

    La mayoría de los seres humanos son diestros y PUEDEN hacer las cosas con su mano derecha. En este sentido, LA DIESTRA DE DIOS es un antropomorfismo que significa EL PODER DE DIOS. Ya hemos visto que Dios como el único Espíritu Omnipresente lo llena todo, y por lo tanto no tiene algún lado derecho o izquierdo literal (Salmo 139:7-10, Juan 4:24). En Éxodo 15:6-7 queda bastante claro que la diestra de Dios significa el poder de Dios, pues ambos términos se usan de manera intercambiable al decir que los egipcios fueron destruidos, bien sea por la diestra de Dios o por el poder de Dios. “Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder; TU DIESTRA, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo. Y con LA GRANDEZA DE TU PODER has derribado a los que se levantaron contra ti. Enviaste tu ira; los consumió como a hojarasca”. El Salmo 20:6 también habla de “la potencia salvadora de su diestra”.

    Cuando Dios buscó a un hombre santo que pudiera actuar como el pariente redentor, “vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia” (Isaías 59:16. Comparar con Apocalipsis 19:11-21). El Salmo 80:17 habla del varón de la diestra de Dios; no de una persona divina al lado derecho literal de otra persona divina, ni de algún ángel o semidiós al lado derecho de Dios. Ese varón de la diestra de Dios fue afirmado para que fuéramos restaurados, tuviéramos vida, resplandeciera sobre nosotros el rostro de Dios, invocáramos el nombre de Dios y fuéramos salvos. Dice: “Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, Sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste”. Así no nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre. ¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos” (Salmo 80:17-19). 

    El Hijo, el hombre Cristo Jesús es el varón de la diestra de Dios, pero a la vez es el propio brazo de Dios, porque el Hijo es Dios mismo manifestado en carne PUDIENDO actuar a nuestro favor para darnos su salvación. Por eso la Escritura dice: “Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro” (Isaías 52:10). En Isaías 53 se declara diáfanamente que el Mesías es el brazo de Dios manifestado para salvar. “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:1-3). También en 1 Corintios leemos: “para los llamados, así judíos como griegos, Cristo PODER DE DIOS, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24).

    Jesús es el varón de la diestra de Dios, el pariente redentor que pudo rescatarnos de la esclavitud del pecado y hacernos partícipes de la herencia divina. Pero Jesús es también Dios mismo haciendo proezas a nuestro favor. “Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas” (Salmo 17:7-8). “Mi fortaleza y mi cántico es JAH, Y Él me ha sido por salvación. Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos. La diestra de Jehová hace proezas, la diestra de Jehová es sublime, la diestra de Jehová hace valentías. No moriré, sino que viviré, Y contaré las obras de JAH”(Salmo 118:14-17). 

    La promesa de Dios para el Mesías, el varón perfecto fue: “Oráculo [esto es declaración profética]  de YHVH a mi Señor [Adón]: Siéntate a mi diestra [bajo mi poder], hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmo 110:1 - BTX3. Comparar con Hechos 2:29-36). El hombre Cristo Jesús quien es el Hijo de Dios, después de resucitar fue exaltado para tomar el dominio de la creación y “habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a Él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 Pedro 3:22). Debido a que Cristo representa a todos los redimidos, entonces nosotros mismos estamos sentados con Cristo Jesús a la diestra de Dios, lo que significa que nosotros estamos bajo el poder de Dios siendo coherederos con Cristo de todos los favores de Dios para los hombres. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:4-6).


    5. LAS DISTINCIONES BÍBLICAS ENTRE EL PADRE Y EL HIJO

    Cualquier lector de la Biblia puede notar muy fácilmente que ésta presenta claras distinciones entre Dios el Padre y el Hijo de Dios, lo cual ha llevado a las mentes sin revelación a concluir que se trata de dos sujetos diferentes, y así rechazan la verdad bíblica de que el Hijo es Emanuel, Dios mismo con nosotros en la forma de un hombre. Ellos utilizan su mente puramente carnal para decir que así como ningún ser humano es padre de sí mismo o hijo de sí mismo, que así Dios no puede ser el Padre y el Hijo al mismo tiempo. Ellos no quieren discernir espiritualmente para comprender que Dios el Padre siendo el Espíritu ilimitado, se hizo simultáneamente el Hijo de Dios que es un hombre limitado que es Emanuel o Dios con nosotros. La distinción entre Dios el Padre y el Hijo de Dios no es de identidad, sino de dos formas diferentes y simultáneas de actuar del único Dios luego de su encarnación. 

    Dios como Dios el Padre en su existencia divina trascendente, es mayor que Dios como el Hijo en una existencia humana (Juan 14:28). 

    Dios como Dios el Padre no salió de nadie, pero Dios como el Hijo, como un hombre entre nosotros sí salió de Dios (Juan 7:29, 8:42, 13:3, 16:27-28, 16:30). 

    Dios como el Hijo fue enviado por el Padre y vino al mundo (Mateo 10:40; Marcos 9:37; Lucas 9:48; 10:16, Juan 3:16-17, 4:34, 5:24, 5:30, 6:38-40), pero Dios como Dios el Padre lo llena todo (Jeremías 23:24). 

    Dios como el Hijo, como un hombre entre nosotros nació de la virgen María (Mateo 1:23; Lucas 1:35; Juan 18:37; Gálatas 4:4), pero Dios como Dios el Padre no tiene principio (Génesis 21:33, Deuteronomio 33:27, Isaías 40:28). 

    Dios como Dios el Padre es Autoexistente (Éxodo 3:14), pero Dios como el Hijo vive por el Padre (Juan 6:57). 

    Dios como el Hijo, como un hombre entre nosotros, puede confesar que tiene un Dios (Mateo 27:46; Marcos 15:34; Juan 20:17, Apocalipsis 3:12), pero es imposible que Dios como Dios el Padre, tenga a un Dios por encima de Él (Isaías 45:21, Oseas 13:4, Joel 2:27). 

    Dios como Dios el Padre tiene una voluntad divina, pero Dios como el Hijo tiene una voluntad humana (Lucas 22:42; Juan 4:34, 5:30, 6:38-40). 

    Dios como el Hijo fue realmente tentado (Mateo 4:1), pero es imposible que Dios como Dios el Padre sea tentado (Santiago 1:13). 

    Dios como el Hijo tuvo que orar (Salmo 65:2, Lucas 6:12; Juan 17; Hebreos 5:7), pero Dios como Dios el Padre no tiene por qué orar. 

    Dios como el Hijo, como un hombre entre nosotros murió en la cruz del Calvario (Marcos 8:31; Lucas 23:46, Romanos 5:10), pero Dios como Dios el Padre no puede morir (Génesis 21:33, Deuteronomio 33:27, Isaías 40:28). 

    Dios como el Hijo recibió todo el poder de Dios para los hombres (Mateo 28:18; Juan 17:2; Filipenses 2:9), pero Dios como Dios el Padre siempre ha tenido todo el poder y en esa condición claramente se exceptúa de cualquier sometimiento al Hijo (1 Corintios 15:27).


    6. JESÚS ES EL PADRE

    Por lo general, la gente sin revelación está muy dispuesta a aceptar que Jesús es el Hijo de Dios, pero ignoran voluntariamente los textos bíblicos que también enseñan que Él es simultáneamente Dios el Padre. Aquellos que no pueden entender que Jesús es el mismo Padre manifestado en carne, lo hacen porque solo juzgan a Jesús según la carne (Juan 8:15).

    [6] En Juan 16:25, Jesucristo afirmó que Él frecuentemente habló acerca del Padre por medio de alegorías (o en un lenguaje enigmático), pero también aseveró que llegaría un momento en que nos hablaría claramente acerca del Padre. Así que a lo largo de las cuatro versiones del evangelio (a saber Mateo, Marcos, Lucas y Juan), vemos que Jesucristo se refirió al Padre en tercera persona, aun cuando Él mismo es Yahvé el Padre Eterno manifestado en carne. Lo interesante es que en cada una de estas porciones se combina el lenguaje enigmático con el lenguaje claro, lo que nos permite conocer a través del lenguaje claro la verdadera identidad del Padre.

    Por ejemplo, en Juan capítulo 10, Jesucristo utilizó la alegoría del Buen Pastor para hablar acerca del Padre. “Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía” (Juan 10:6). Ampliando lo que les había confesado, Jesucristo dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas”, pero el pueblo de Israel sabía que el verdadero pastor de su pueblo era Yahvé Dios, tal como se declara en el Salmo 23. Luego, Jesucristo dijo que nadie puede arrebatar a sus ovejas de su mano (Juan 10:27-28), pero a continuación dijo que nadie las puede arrebatar de la mano de su Padre (Juan 10:29). ¿Entonces al fin en qué mano estaban las ovejas? ¿En la mano de Jesucristo o en las manos del Padre? Para que no quedaran dudas y para que la gente no se confundiera pensando que habían dos manos en las cuales estaban las ovejas, o dos pastores diferentes, Él les declaró: “Yo y el Padre uno somos”. Fue tan obvio que Jesús se identificó como Yahvé el Pastor manifestado en carne, que los judíos tomaron piedras para lapidarlo al creer que había cometido blasfemia (Juan 10:31-33). Algunos, por no querer aceptar la verdad de la declaración de Jesús en Juan 10:30, insisten en que si Jesús era verdaderamente el Padre, Él tuvo que haber dicho “Yo y el Padre uno soy”, pero esto lo hacen porque quieren ignorar la correlación del lenguaje con la que Jesús se venía expresando. Ellos también ignoran que estaba profetizado que Yahvé el Pastor mismo vendría a salvarnos. El Salmo 80:1-3 declara: “Oh Pastor de Israel… ven a salvarnos… Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.  Ezequiel 34:11, dice: “Porque así ha dicho Yahvé el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré”.

    En Juan capítulo 8, Jesucristo utilizó la alegoría de La Luz del Mundo para hablar acerca del Padre. Jesucristo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Sin embargo, nadie sino Yahvé el Padre puede reclamar ser la Luz del Mundo. “Tú eres mi lámpara, oh Yahvé; Mi Dios alumbrará mis tinieblas”. (2 Samuel 22:29). Los judíos le dijeron a Jesús que su testimonio no tenía valor, porque Él testificaba acerca de sí mismo, pero la respuesta de Jesús fue que Él posee un testimonio doble de que Él es la Luz del Mundo. Él como Hijo da testimonio acerca de sí mismo, y el Padre también da testimonio acerca de Él. Aquí se ve otra vez el lenguaje  enigmático, pues se habla del Padre en tercera persona. Sin embargo, cuando le preguntaron que dónde estaba su Padre, la respuesta de Jesús fue: “Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais”(Juan 8:19). Está claro que Jesús confesó ser el Padre mismo manifestado en la carne, porque nadie puede decir que conocerlo a él es conocer a otro, por lo que conocer a Jesús es conocer al Padre mismo en la forma en la cual Él se nos ha revelado, que es en la faz (en la cara) de Jesucristo (2 Corintios 4:6).

    En Juan capítulo 14, vemos otra vez el lenguaje enigmático acerca del Padre, pues Jesucristo habló de las moradas que habían en la casa de su Padre, refiriéndose al Padre en tercera persona, y le dijo a sus discípulos que ellos sabían a dónde iba Él y que sabían el camino. Pero Tomás le respondió: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (Juan 14:5). “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”(Juan 14:6-7). La palabra “viene”, indica ir o trasladarse hacia el que habla, y por lo tanto demuestra que Jesús es el mismo Yahvé Padre en la carne. En caso de que el Padre fuera alguien distinto a Jesús, Él tenía que haber dicho “nadie va al Padre sino por mí”. Todos los que quieran hallar al Padre tienen que venir a Jesús, “porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Nadie puede decir que conocerlo a él es conocer a otro, o que verlo a él es ver a otro, pero Jesucristo declaró ser el Padre en la carne, al decir que conocerlo a Él es conocer al Padre y que verlo a Él es ver al Padre.

    Para Felipe era difícil aceptar que el Hombre Jesús era también el Padre mismo, y por eso insistió: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Juan 14:8). “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoycon vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:9). Jesús no dijo: “El Padre está”, como si hablara de otro, sino que dijo “estoy”, indicando que Él mismo es Yahvé el Padre que se hallaba allí con ellos manifestado en la carne. Para cerrar su clara identificación como el Padre, Jesús concluyó diciéndoles: No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). La razón por la cual algunos no pueden entender la clara identificación de Jesucristo como el Padre en Juan 14, se da porque ellos se entretienen con el lenguaje alegórico pero no destacan la fuerza de las declaraciones explícitas. Aunque haya gente confundida viendo al Padre aparte de Jesús, Él los exhorta respondiéndoles lo mismo que le respondió a Felipe: “¿Pero cómo es posible que ustedes me pidan que les muestre al Padre? ¡El que me ha visto a mí ha visto al Padre! ¡El que me conoce a mí conoce al Padre! ¡Y el que a mí me tiene no está huérfano pues ha venido al Padre!

    Jesús se declaró como Yahvé Dios Padre, cuando dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY (Juan 8:58). Aquí el Hijo Jesús descartó que Él fuera un simple plan en la mente de Dios, (o incluso que fuera un ángel o un ser espiritual que existió antes de Abraham como lo dicen los arrianos), pues sus palabras no fueron “antes que Abraham fuese, yo era”. El Hijo Jesús dijo YO SOY, aclarando que Él es el Autoexistente, el único que tiene vida en Sí mismo y que da vida a los demás, y el Dios que habló con Moisés en el monte Horeb en medio de la zarza que ardía pero no se consumía (Éxodo 3). Otra vez, creyendo que Jesús había blasfemado, los judíos “Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue” (Juan 8:59). Algunos intentan negar que el uso que Jesús hizo de la expresión “YO SOY” en Juan 8:58 indica que Él sea el Padre manifestado en la carne, alegando que la frase “yo soy” significa la proclamación de una característica propia de la personalidad, como cuando alguien dice “yo soy una persona alegre”, etc., o alegando que también significa un reclamo de identidad, como cuando alguien dice “yo soy Pepito Pérez”. Sin embargo, Jesús no utilizó el YO SOY en estos dos últimos sentidos, sino en el sentido de existencia, declarando ser EL ÚNICO AUTOEXISTENTE ETERNO, como en el pasaje de la zarza de Éxodo 3.

    Si deseamos ser salvos, entonces debemos creer a la declaración de Jesucristo:

    “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).

    Yahvé dijo: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a Mí” (Isaías 46:9), y también dijo: “Yo Yahvé; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria (Isaías 42:8). Sin embargo Jesucristo dijo: “para que todos honren al Hijo como honran al Padre” (Juan 5:23), y el escritor a los hebreos escribió acerca del Hijo primogénito: “Adórenle todos los ángeles de Dios”(Hebreos 1:6). La única explicación para que Jesucristo sea adorado sin transgredir Isaías 42:8, es que el Hijo Jesucristo sea el mismo Dios Padre manifestado en la carne. Por eso la adoración a Jesucristo es una grande bendición. 

    El apóstol Pablo también confesó en varias ocasiones que Jesús es el Padre. Para Pablo, Jesús es el único Señor (1 Corintios 8:6; 2 Corintios 4:5), pero también escribió “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor [Jesús], y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:17-18). En la versión de Torres Amat, se traduce bien 2 Tesalonicenses 2:16, indicando que nuestro Señor Jesucristo es el mismo Dios y Padre nuestro que nos amó (no que nos amaron). “Y nuestro Señor Jesucristo, y Dios y Padre nuestro, que nos amó, y dio eterno consuelo y buena esperanza por la gracia” (2 Tesalonicenses 2:16 - TA). En la versión del Nuevo Testamento de Pablo Besson, se ha traducido bien tanto 1 Tesalonicenses 1:1 como 2 Tesalonicenses 1:1, indicando ambos textos que Jesús es el Dios Padre que se manifestó en carne. “Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de tesalonicenses en Dios Padre y Señor Jesucristo: Gracia a vosotros y paz” (1 Tesalonicenses 1:1 – PB). “Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de tesalonicenses en Dios Padre nuestro y Señor Jesu-Cristo (2 Tesalonicenses 1:1 - PB). [7] 

    “En Apocalipsis 21:6-7, el Alfa y la Omega, quien es inequívocamente Jesucristo (Apocalipsis 22:12-13,16), le dice a los verdaderos creyentes que Él será su Dios y Padre: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. Si yo soy su hijo, entonces Él es mi Padre; y si Él también es Dios, entonces Él es Dios mi Padre”. [8] 


    7. JESÚS ES EL ESPÍRITU SANTO

    Cuando Jesús habló de la venida del Espíritu Santo, que es la presencia del mismo Dios sobre su pueblo para hacerlos piedras vivas o templos vivos (1 Pedro 2:5, 1 Corintios 6:19), Él habló de la venida de otro Consolador que se trataba del propio Jesús ya no en carne estando CON nosotros, sino en forma de Espíritu viviendo EN nosotros. Como el Hijo o el varón perfecto, Jesús era un hombre que estaba con ellos y que a la vez podía rogar al Dios Padre. Como el Dios Padre que es, Jesús prometió que no nos dejaría huérfanos sino que siempre estaría con nosotros. Como el Espíritu Santo que es, al hablar del otro Consolador, Jesús mismo prometió venir a nosotros, diciendo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora CON vosotros, y estará EN vosotros. No os dejaré huérfanos; VENDRÉ A VOSOTROS (Juan 14:15-18).

    Cuando el Hijo, el hombre cristo Jesús resucitó victorioso y ascendió a los cielos, recibió del Padre la promesa la promesa del Espíritu Santo para actuar como el pariente redentor y derramar sobre sus hermanos el Espíritu de Dios haciéndolos partícipes de la naturaleza divina (Hechos 2:33, 2 Pedro 1:3-4). Como el hombre Jesucristo es el templo dentro del cual habita toda la gloria de Dios el Padre, y es Dios mismo en la forma de un hombre aunque ahora con un cuerpo inmortal glorificado, entonces desde el cuerpo glorioso de Cristo se distribuye el Espíritu Santo, la presencia misma de Dios sobre todos sus hermanos, los demás hijos de Dios. Por eso el hombre Jesucristo ha sido hecho el Espíritu que da vida. “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán [Jesucristo], Espíritu vivificante… El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo” (1 Corintios 15:45-47). El primer Adán fue terrenal, pero el postrer Adán que es Cristo es el Señor del cielo. “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos” (Juan 3:31). Habiendo vencido, Cristo puede bautizarnos en Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11, Lucas 3:16). Por eso por medio de Cristo, tanto los judíos como los gentiles “tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18), y al recibir el Espíritu fuimos incluidos en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1. Corintios 12:13), de tal manera que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él” (Romanos 8:9).

    Jesucristo como el único Dios que es, es el Espíritu que ahora mismo habita en los corazones de los redimidos, ya que Él prometió: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20) y también dijo: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). La iglesia está llena de UN SOLO ESPÍRITU, y ese único Espíritu es Jesucristo quien es el mismo que primero descendió para luego subir por encima de todos los cielos para llenarlo todo. “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación… Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (Efesios 4:3-10). En la misma carta a los Efesios también se escribió: “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22-23). Este es “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria (Colosenses 1:26-27).

    Otra prueba poderosa de que Jesús es el Espíritu Santo, es cuando la Biblia declara que el único mediador entre Dios y los hombres es el hombre Jesucristo (1 Timoteo 2:5) y que el hombre Cristo Jesús es el sumo sacerdote que vive para siempre para interceder por los hombres (Hebreos 7:24-25), pero a la vez dice que el Espíritu Santo es quien intercede por nosotros, sin hacer ninguna distinción entre Jesús y el Espíritu. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). En el Antiguo Testamento siempre se presentó al Espíritu de Dios como alguien que no necesita ayuda ni consejo porque lo sabe todo. “¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?” (Isaías 40:13), pero en el Nuevo Testamento se dice que el Espíritu hablará en el sentido de la ministración profética hablando lo que oyere de Dios. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13). La reconciliación de estos textos que presentan al Espíritu sabiéndolo todo sin tener necesidad de que nadie le enseñe, y los otros que presentan al Espíritu como si no lo supiera todo y teniendo necesidad de hablar lo que oiga, se logra al comprender que tras su resurrección el hombre Cristo se ha hecho el Espíritu vivificante, y que entonces cuando nosotros recibimos el único Espíritu Santo, ese único Espíritu ahora actúa bajo la virtud de Dios como nuestro Padre llamándose el Espíritu del Padre (Mateo 10:19-20), y también actúa bajo la virtud de Dios como el varón perfecto que es nuestro intercesor, llamándose el Espíritu del Hijo (Gálatas 4:6). Esto explica también el texto en el que Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:18). Allí Jesús no habló de la venida de dos individuo distintos como inventa la gente sin revelación, sino la venida del único Espíritu Santo en la virtud de su actuar como Dios el Padre o como el Hijo de Dios que es el único mediador entre Dios y los hombres. Recordemos también que cuando continuamente Jesús habló del Padre, Él lo hizo por medio del lenguaje enigmático (Juan 16:25).

    El apóstol Pedro habló del único Espíritu que estaba en los profetas, llamándolo indistintamente el Espíritu de Cristo o el Espíritu Santo, porque no hay diferencia. “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”(1 Pedro 1:10-12).

    Lucas habló de Jesucristo como el Espíritu Santo. En el libro de Los Hechos él escribió: “Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia. Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (Hechos 16:6-7 – NVI).

    En Marcos se promete que el Espíritu Santo dará palabras a los creyentes en medio de las persecuciones, pero en el texto paralelo de Lucas 21:12-15 se promete que el que dará esas palabras es Jesús. Así que es evidente que Jesús es el mismo Espíritu Santo. En Marcos dice: “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo (Marcos 13:11). Mientras tanto, en Lucas se registra a Jesús hablando y diciendo: “Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. Y esto os será ocasión para dar testimonio. Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque YO OS DARÉ PALABRA Y SABIDURÍA, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan” (Lucas 21:12-15).

    El apóstol Pablo confesó que Jesucristo es el Espíritu Santo, cuando dijo: “Porque sé que por vuestra vocación y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación”(Filipenses 1:19). También confesó que para la iglesia el único Señor es Jesucristo. “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús”(2 Corintios 4:5). Pablo dijo que “nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Sin embargo concluyó diciendo: “Porque el Señor [o sea Jesús] es el Espíritu; y dónde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). Para intentar negar esta poderosa declaración de que Jesús es el Espíritu Santo, la gente sin revelación inventa la idea de que hay dos señores, pero el propio apóstol Pablo los refuta al decirles: un Señor, una fe, un bautismo” (Efesios 4:5).

    Igualmente el apóstol Juan presentó a Jesús como el Espíritu Santo. En el libro del Apocalipsis Jesús es el que se dirige a cada una de las siete iglesias de Asia. A las iglesias de Éfeso (Apocalipsis 2:1), Esmirna (Apocalipsis 2:8), Pérgamo (Apocalipsis 2:12), Tiatira (Apocalipsis 2:18), Sardis (Apocalipsis 3:1), Filadelfia (Apocalipsis 3:7) y Laodicea (Apocalipsis 2:14). Sin embargo, Jesús afirmó: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (Apocalipsis 2:7, 2:11, 2:17, 2:29, 3:6, 3:13 y 3:22). Esta es la razón por la cual Juan también registra que Jesús sopló y nos dio la orden de que recibiéramos el Espíritu Santo (Juan 20:22), justamente porque Jesús es quien sopla sobre nosotros cuando recibimos el Espíritu, y viene a morar en nosotros como el Espíritu (Juan 1:33) cumpliendo su palabra “No os dejaré huérfanos; VENDRÉ A VOSOTROS (Juan 14:18).


    8. JESÚS ES TODO LO QUE DIOS ES

    Debido a que Jesús es Dios manifestado en carne, la Biblia presenta a Jesús como el Eterno (1 Juan 5:11, 12, 20; Juan 1:4), el Autoexistente (Juan 10:17-18), el Creador y Sustentador de todo (Juan 1:10, Colosenses 1:15-17), el Omnipresente (Mateo 18:20, 28:20), el Omnisciente (Juan 4:16, 6:64, Mateo 17:22-27), el Omnipotente (Apocalipsis 1:8, Lucas 4:39-55, 7:14-15, Mateo 8:26-27) y el único que puede perdonar pecados (comparar Marcos 2:5 y Lucas 7:48-50 con Isaías 43:25). 

    Además, el apóstol Tomás llamó a Jesús Señor mío y Dios mío (Juan 20:28). Algunas mujeres que lo vieron resucitado lo adoraron (Mateo 28:9). Esteban oró a Jesús (Hechos 7:59). El apóstol Pedro lo llamó nuestro Dios y salvador Jesucristo (2. Pedro 1:1). El apóstol Juan dijo que Jesucristo es el verdadero Dios y la vida eterna (1. Juan 5:20). El apóstol Pablo afirmó que nosotros esperamos de los cielos a nuestro gran Dios y salvador Jesucristo (Tito 2:13). Jacobo lo llamó nuestro glorioso Señor Jesucristo (Santiago 2:1) y Judas (el hermano de Jacobo no el Iscariote) afirmó que su misericordia es para vida eterna (Judas 1:21). Así que la iglesia primitiva creyó de manera coherente que Jesús es el sólo y único Dios del cielo, el único Rey de gloria, el Padre Eterno (Isaías 9:6).


    Referencias:

    [1] Real Academia Española. Diccionario 23.ª Edición (2014). http://dle.rae.es/?id=RQfIvcj 

    [2]Bonaventure Perquin, Abba, Padre: Para Alabanza de tu Gloria. © 1986, 3ª. Edición, Ediciones RIALP, S.A., Madrid, España.  Pág. 125.

    [3] Real Academia Española. Diccionario. Providenciahttps://dle.rae.es/providencia

    [4] James Strong. Concordancia Exhaustiva.

    [5]Julio César Clavijo Sierra. El Hijo Jesús No es Solamente un Hombre, Sino que es Dios Padre Manifestado en la Condición de un Hombre - Una Respuesta al Ebionitismo, el Adopcionismo, el Monarquianismo Dinámico, el Nestorianismo, el Socinianismo y la Teología Liberal. https://fe-biblica.blogspot.com/2019/03/el-hijo-jesus-es-solamente-un-hombre-o.html

    [6] De aquí en adelante, sigue una larga redacción que ha sido tomada con pocos cambios del artículo titulado: ¿Es Jesús Una Criatura Espiritual Como lo Afirman los “Testigos De Jehová”?, escrito por Juan Diego Correa Mosquera y Julio César Clavijo Sierra. http://fe-biblica.blogspot.com/2019/02/es-jesus-una-criatura-espiritual-como.html

    [7] La redacción de este párrafo está basado en el video titulado: “Pablo Confesó Varias Veces que Jesús es el Padre”, publicado por Alexander Escobar Serrato. https://www.youtube.com/watch?v=onwnU_X6U6k 

    [8]Elder Ross Drysdale. Cuando Sabes Estas Cosas. Capítulo 8 – Jesús es el Padre. http://fe-biblica.blogspot.com/2011/06/jesus-es-el-padre.html


  2.  


    Ponencia Inicial de Julio César Clavijo, en el Debate con Arismel Pérez, titulado: ¿Quién es el Hijo de Dios? ¿Dios encarnado o Un hombre engendrado por Dios que no es Dios?

    Este debate fue llevado a cabo el sábado 5 de diciembre de 2020 por el canal de YouTube: Apología con Luis Polo. Se presentan argumentos que derrotan a la posición del unitarismo sociniano.

    El tema a debatir consiste específicamente en demostrar si el Hijo de Dios es Dios encarnado (Posición defendida por Julio César Clavijo), o un hombre engendrado por Dios que no es Dios (Posición defendida por Arismel Pérez).

    Puedes ver el debate completo, dando clic en este enlace:

    https://www.youtube.com/watch?v=RL7VYSWm4fg 


    -*-*-*-*-


    ¿Quién es el Hijo de Dios? ¿Dios encarnado o Un hombre engendrado por Dios que no es Dios? 

    El mensaje precioso del evangelio es que Dios mismo vino a salvar, tomando la forma de un Hijo quien es el varón perfecto, el postrer Adán, a fin de que nosotros, al creer en el evangelio, también pudiéramos llegar a ser hechos hijos de Dios. Eso es lo que proclama el evangelio y eso es lo que toda falsa doctrina intenta negar, ya que el maligno, el dios de este siglo, “cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 corintios 4:4). 

    El profeta Isaías anunció el evangelio en Isaías 35:2-4, al escribir: “(…) Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. 3 Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. 4 Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; DIOS MISMO VENDRÁ, Y OS SALVARÁ

    Al hablar del nacimiento de Cristo, el evangelista Mateo aseguró. “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz UN HIJO, y LLAMARÁS SU NOMBRE EMANUEL, QUE TRADUCIDO ES: DIOS CON NOSOTROS (Mateo 1:23). 

    El apóstol Pablo hablando acerca de Cristo dijo en Romanos 9:5 que del pueblo de Israel son los patriarcas, y que de ellos “según la carne, vino Cristo, EL CUAL ES DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS, bendito por los siglos. Amén”

    En muchas partes Jesucristo mismo se identificó como el único Dios eterno en la forma de un hombre. Cuando los discípulos le preguntaron por el Padre, Él les dijo en Juan 14:6-9, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; NADIE VIENE [nótese que no dijo: Nadie va como si hablara de otro, sino nadie viene hablando de sí mismo] al Padre, sino por mí. 7 SI ME CONOCIESEIS, TAMBIÉN A MI PADRE CONOCERÍAIS; Y DESDE AHORA LE CONOCÉIS, Y LE HABÉIS VISTO. 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? EL QUE ME HA VISTO A MÍ, HA VISTO AL PADRE; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”.

    En otra oportunidad Jesucristo demostró bellamente ser el único Dios, al identificarse como el único que puede perdonar pecados. En Marcos 2:5 en adelante, vemos que al traerle un paralítico Él le dijo: “Hijo, TUS PECADOS TE SON PERDONADOS. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿QUIÉN PUEDE PERDONAR PECADOS, SINO SÓLO DIOS?. Jesucristo sanó al paralítico demostrando con ese hecho que Él sí tenía la atribución de perdonar pecados, porque Él es el único Dios presente en la forma de un hombre. 

    La necesidad de Dios manifestarse en carne, o encarnarse, radica en que el hombre que fue creado originalmente como Hijo de Dios, perdió esa condición a causa del pecado de Adán en el Jardín del Edén. Lucas 3:38 nos dice que Adán fue hijo de Dios, pero los hombres dejaron de ser hijos de Dios para ser por naturaleza hijos de ira como se lee en Efesios 2:3. El hombre que originalmente fue creado como hijo de Dios, llegó a ser esclavo del pecado y enemigo de Dios. 

    En la ley de Moisés, que es sombra y figura de Cristo, se halla la ley del pariente redentor. Esto lo vemos en Levítico 25:25. Esta ley explica que si un israelita caía en esclavitud, su pariente más próximo que contara con los recursos necesarios, lo podía redimir, es decir pagar su rescate para hacerlo libre. 

    Desde el punto de vista espiritual, todos los hombres dejaron de ser hijos de Dios para ser esclavos del pecado. Romanos 3:23 dice que “por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios”. También dice en Isaías 59:16 que Dios “VIO QUE NO HABÍA HOMBRE, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia”. Así que de entre los descendientes de Adán, no existía ningún pariente cercano, ningún hombre que pudiera presentarse libre de la esclavitud del pecado para poder pagar el rescate por todos los demás hombres. 

    Por esta causa Hebreos 2:14-15 dice: “14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, ÉL TAMBIÉN PARTICIPÓ DE LO MISMO, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”. Dios participó de lo mismo que sus hijos, es decir de carne y sangre para ser un verdadero hombre, el niño que nos fue nacido y el Hijo que nos fue dado, el hombre perfecto sin pecado. 

    Por eso en Isaías 9:1-6, leemos: “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia (…) El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. 3 Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega (…) 4 Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor (…) Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, DIOS FUERTE, PADRE ETERNO, Príncipe de Paz”.

    Como la paga del pecado es muerte, la muerte de Cristo era ilegal porque un hombre santo sin pecado estaba muerto. Por eso la muerte no pudo retenerle, y ahora los que creemos en Cristo somos redimidos del pecado ya que Cristo tiene las llaves de la muerte y el hades (Apocalipsis 1:18). Cristo es el postrer Adán que fue hecho el Espíritu vivificante (1 Corintios 15:45), es decir Cristo es el Espíritu que da vida. El apóstol Pedro también dice en 1 Pedro 1:18-19: “18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

    Dios, quien es un Espíritu que no tiene carne y sangre, participó de carne y sangre para destruir a la muerte con su muerte como un ser humano perfecto y santo. 

    Cuando Dios se manifestó en carne Él continuó existiendo como el Espíritu omnipresente que lo llena todo, estando en los cielos y en la tierra y en todo lugar en su condición de Espíritu omnipresente, pero a la vez, de manera simultánea vino a poseer también una vida humana limitada. El Dios que no está limitado al tiempo y al espacio, continuó existiendo como el Espíritu ilimitado por fuera de su encarnación, pero a la vez de manera simultánea vino a existir también como un hombre limitado en su condición encarnada. 

    Juan 1:14 dice que el Verbo o la Palabra que era Dios SE HIZO [Gr. gínomai] carne y habitó [Gr. skénoó] entre nosotros. Dios mismo se proveyó de un Cordero, de un ser humano puro y perfecto, que fue Él mismo en la condición de un hombre. Por eso en Zacarías 12:10 Dios dijo que lo mirarían a Él a quién traspasaron. ¿Cómo podrían traspasar al Dios que es Espíritu? Esto solo podría darse cuando Dios se manifestara en carne. Esta es la misma razón por la cual Hechos 20:28 dice que el Señor Dios ganó a la iglesia con su propia sangre. Una referencia clara a la sangre que Dios tomó cuando se manifestó como Emanuel, como un hombre entre nosotros. 

    El profeta Ezequiel dijo que Dios mismo, quien es el Buen Pastor, vendría a buscar sus ovejas, y no que Él enviaría a otro. Ezequiel 34:11-15, expresa: “11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: HE AQUÍ YO, YO MISMO IRÉ A BUSCAR MIS OVEJAS, Y LAS RECONOCERÉ. (…) 15 YO APACENTARÉ MIS OVEJAS, Y YO LES DARÉ APRISCO, DICE JEHOVÁ EL SEÑOR. En Juan 10 Jesucristo se identificó como ese Buen Pastor que vino a dar su vida por sus ovejas. Obviamente no se refiere a perder su vida divina, sino a la entrega de la vida humana que tomó en rescate por los hombres. De una manera preciosa el Hijo dijo que las ovejas estaban en su mano pero también en la mano del Padre, y para que no se pensara que estaban en las manos de dos individuos divinos distintos, Él declaró poderosamente en el versículo 30. YO Y EL PADRE UNO SOMOS. Inmediatamente los judíos tomaron piedras para lapidarlo, diciendo: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; PORQUE TÚ, SIENDO HOMBRE, TE HACES DIOS. Todavía hoy muchos actuarían como aquellos judíos incrédulos, que ante los reclamos de la deidad de Jesús no estarían dispuestos a rendirse y a reconocerlo como el único Dios que vino a salvarnos, sino que en su ira estarían hasta dispuestos a apedrearlo. 

    Así que hemos visto la manera tan clara como la Escritura dice una y otra vez que el Hijo nacido y el niño dado es por identidad el Dios fuerte y el Padre eterno, que es Dios sobre todas las cosas, que es Dios mismo viniendo a salvar, y que es Emanuel, Dios con nosotros en la forma de un hombre. 

    Sin embargo, todas las “doctrinas” que se oponen a la verdad de la Unicidad de Dios se complacen en negar lo que la Biblia presenta tan diáfanamente. El arrianismo (como la posición sostenida por los llamados Testigos de Jehová) niega que haya sido Dios mismo quien vino a salvar, y en su reemplazo inventan que fue un ángel (por ejemplo el arcángel Miguel) quien vino a hacerlo. El trinitarismo, con pensamientos extrabíblicos se inventa a otra persona divina aparte del único Dios Padre, para decir que fue esa otra persona divina imaginaria la que vino a salvar y no el Dios Padre. Asimismo, las doctrinas unitarias del Jesús puramente humano, se empeñan en negar la verdad de que el Dios Padre vino en la forma de un hijo, de un hombre, y en su reemplazo inventan que el Salvador es un solamente un hombre lleno por el Espíritu de Dios. 

    Entre las doctrinas unitarias del Hijo puramente humano, tenemos al ebionitismo [que dice que Jesús es solo un hombre profeta], el adopcionismo [que dice que Jesús fue un hombre normal que fue adoptado por Dios en su bautismo], el monarquianismo dinámico [que enseña que Jesús fue un hombre lleno del poder de Dios de una manera asombrosa, al punto que cuando estaba poseído por Dios hasta podía ser llamado Dios], el nestorianismo [o la doctrina de los dos hijos, el hijo divino que no nació ni murió y el hijo humano que sí nació y murió], la teología liberal [que dice que Jesús solo fue un buen maestro de moral], y el socinianismo [que dice que Jesús es un hombre sin igual que fue milagrosamente concebido de la virgen María por la voluntad divina]

    Esta última doctrina, a saber el unitarismo sociniano, es la doctrina que (a mi parecer) sostiene Arismel Pérez y contra la que me estoy enfrentando hoy. El unitarismo sociniano fue promovido por Fausto Socino en el Siglo XVI, y hoy en día es proclamado por grupos como los Cristadelfianos (o hermanos de Cristo), El Movimiento de Reforma del Siglo XXI, y la Iglesia Ni Cristo de Filipinas. 

    Justamente en el sitio web Cristadelphia.org, vemos que en su declaración de fe, ellos dicen “¡Jesús es un hombre, no Dios! Creemos que la Biblia es bastante clara en su presentación de que Cristo es un hombre, El Hijo de Dios, pero ciertamente no Dios mismo”. (http://www.christadelphia.org/belief.php)  

    En un sitio web del movimiento de Reforma del Siglo XXI, hallamos un escrito titulado: ¿Alguna Vez Te Has Preguntado Acerca de la Unicidad? donde estos unitarios socinianos criticando a los pentecostales unicitarios dicen: “en el segundo capítulo de Los Hechos, así como en el resto de Los Hechos, no se encuentra ni un solo caso en el que los apóstoles estuvieran enseñando al pueblo que Jesús era de hecho el Padre o Dios encarnado”. (https://www.21stcr.org/subjects/oneness-pentecostalism/

    Pienso que ya es hora de que varios de los que se identifican como unicitarios pero que en realidad creen en el unitarismo sociniano, busquen a sus verdaderos copartidarios de doctrina bien sea en los cristadelfianos o en el movimiento de reforma del siglo XXI, y dejen de estar confundiendo identificándose erróneamente como unicitarios, porque no lo son. 

    -*-*-

    Finalmente, dejo también las tres preguntas que realicé en el debate: 


    Pregunta 1:

    En Isaías 46:9, la Escritura dice que no hay nada semejante Dios. Asimismo, Isaías 42:8 dice: “Yo soy Jehová; este es mi nombre; y A OTRO NO DARÉ MI GLORIA. Sin embargo, la Escritura ordena que adoren y honren al Hijo como honran al Padre. Hebreos 1:6 dice: “Adórenle todos los ángeles de Dios”. Juan 5:23 dice. “para que todos HONREN AL HIJO COMO HONRAN AL PADRE. ¿Si Jesús es simplemente un hombre que no preexistió como Dios, cómo podemos entonces honrar al Hijo del mismo modo que al Padre, sin cometer idolatría? 


    Pregunta 2: 

    En Jeremías 23:24 se declara que solo Dios lo llena todo. El texto dice: “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿NO LLENO YO, DICE JEHOVÁ, EL CIELO Y LA TIERRA? Sin embargo, Efesios 4:8-10 dice que Jesucristo ha ascendido por encima de todos los cielos PARA LLENARLO TODO. En ese texto leemos: “8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. 9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? 10 El que descendió, ES EL MISMO QUE TAMBIÉN SUBIÓ POR ENCIMA DE TODOS LOS CIELOS PARA LLENARLO TODO. ¿Si el Hijo es solamente un hombre y nada más, como puede atribuirse a Él la omnipresencia que es una cualidad única de Dios? 


    Pregunta 3:

    El Salmo 65:1-2 dice que solo Dios oye y responde a las oraciones. Dice: “1 Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos. 2 TÚ OYES LA ORACIÓN; A TI VENDRÁ TODA CARNE. Sin embargo, el Hijo dijo que Él es quien responderá las oraciones. En Juan 14:13-14 dijo: “Y TODO lo que pidiereis al Padre en mi nombre, LO HARÉ, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. SI ALGO PIDIEREIS EN MI NOMBRE, YO LO HARÉ. ¿Si el Hijo es solamente un hombre y nada más, cómo puede oír y responder a todas las oraciones, algo que es una atribución única de Dios? 


  3. Curso de Unicidad de Dios

    Bienvenido a este curso sistemático de La Unicidad de Dios en 12 Capítulos en video, que te ilustrará acerca de la verdad bíblica del Único Dios, y de su misterio (o plan) para la humanidad en Cristo Jesús. Las lecciones se desarrollaron en el programa Tiempo de Aprender, que es dirigido por el pastor Richar Landeros. 

    Vea todo el curso en YouTube, siguiendo esta lista de reproducción

    https://www.youtube.com/watch?v=QjKEvWcka38&list=PLzDXa4HY_No8tG7ESDgdDq8lq8oE_bh9Z

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    Lección 1: La Definición de la Unicidad de Dios. 

    Se define lo que es la Unicidad de Dios, y se explican los significados bíblicos de los títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo aplicados a Dios. 


    Lección 2: Dios Es Uno al Hablar de Sí Mismo

    Se presentan citas bíblicas que demuestran que todas las veces en las cuales Dios ha hablado de Sí Mismo, Él siempre se presenta inevoquívocamente como un solo Ser divino, que es lo mismo que decir que como una Sola Persona Divina. 


    Lección 3: Dios Es Uno al Hablar con los Hombres

    Se presentan abundantes citas bíblicas donde se demuestra que todas las veces que Dios habló con los hombres, Él se presentó inequívocamente a sí mismo como un solo Ser Divino, que es lo mismo que decir que como una Sola Persona Divina.


    Lección 4: Dios Hablando en Plural

    Se explican los cuatro textos del Antiguo Testamento en los cuales vemos al Único Dios Personal hablando en plural en el Antiguo Testamento. Dichos textos son: Génesis 1:26, 3:22, 11:7 e Isaías 6:8.


    Lección 5: Las Palabras Hebreas Elojim y Ekjad

    La palabra hebrea Elojim aplicada al Único Dios Personal, es un plural mayestático con sentido superlativo, significando El Gran Dios, el Diosazo o el Diosísimo. De otro lado, la palabra hebrea Ekjád, tiene como su significado principal el de Uno Absoluto, y ese es el significado que se transmite en el Shemá, en Deuteronomio 6:4. Se refutan las ideas de los pluralistas de que Elojim aplicado a Dios significa dioses o trinidad, y de que Ekjad aplicado al único Dios significa que Dios es uno compuesto. 


    Lección 6:  El Misterio de Dios - El Secreto Para la Realización Personal

    La Biblia revela claramente el misterio  o el plan de Dios para el hombre. A través del conocimiento de este misterio, el hombre responde satisfactoriamente a las preguntas más importantes de su existencia, las cuales son: ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Vale la pena vivir? ¿Cuál es el propósito de nuestra vida? ¿Es posible alcanzar la realización plena? ¿Es posible que nosotros podamos vivir en un mundo donde gobierne el bien supremo y la inmortalidad, y no exista el mal? Además, el conocimiento del misterio de Dios revela claramente la Unicidad de Dios (que enseña que Jesús es Dios mismo manifestado en carne), y destruye cualquier idea contraria como el trinitarismo (que dice que Jesús es una segunda persona divina), el arrianismo (que dice Jesús es un ser angelical o un semidios que fue creado primero que todo), el adopcionismo (que dice que Jesús es solamente un ser humano muy lleno de Dios), etc.


    Lección 7: Dios Se Hizo Nuestro Pariente Redentor

    La Escritura nos enseña que Dios nuestro Padre se hizo nuestro pariente redentor, al venir Él mismo manifestado en carne como un Hijo descendiente de los patriarcas, y participando de carne y sangre lo mismo que los demás hijos de Dios que son los seres humanos que creen en Dios.


    Lección 8: Jesús es el Varón de la Diestra de Dios

    La diestra de Dios significa el poder de Dios. Cristo Jesús (el varón perfecto en el cual Dios se manifestó) es el varón de la diestra de Dios, porque a través de Jesucristo Dios pudo lograr el propósito (o plan) que se propuso en los hombres. De otro lado, la propuesta de una diestra literal de Dios que presentan los trinitarios y los arrianos, es una idea claramente politeísta que presenta a dioses con cuerpecitos limitados.


    Lección 9: El Nombre de Dios Revelado

    Para revelar su carácter y su identidad, Dios lo hizo por medio de diferentes nombres. En ese sentido, Dios prometió revelar su gran nombre salvador para el tiempo del Nuevo Pacto, y ese nombre es JESÚS el nombre sobre todo nombre. JESÚS significa YAHVÉ ES SALVACIÓN o YAHVÉ SE HA HECHO NUESTRO SALVADOR.


    Lección 10: Las Distinciones Bíblicas Entre el Padre y el Hijo

    La Biblia presenta muchísimas distinciones entre el Padre y el Hijo, las cuales se explican satisfactoriamente por la verdad de la encarnación. El Padre es una referencia a Dios en su existencia infinita e ilimitada que no está sometida ni al tiempo ni al espacio, mientras que el Hijo es la existencia de Dios en la forma limitada de un hombre que se confinó al tiempo y al espacio en razón a la naturaleza humana que Dios asumió para salvarnos. Las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo destruyen los argumentos del dogma trinitario.


    Lección 11: El Espíritu Santo Según la Biblia

    La Biblia dice claramente que hay un solo Espíritu de Dios (Efesios 4:3-4, 1 Corintios 12:11-13). Además la Biblia llama al único Dios como el Espíritu Santo, en razón a que el único Dios es Espíritu (Juan 4:24) y es Santo (Apocalipsis 15:4). La Biblia también llama al Único Dios como el Espíritu Santo, porque Él puede llenar a sus hijos haciéndolos sus templos (1. Corintios 3:16; 6:19). Como Jesús es Dios mismo manifestado en carne, entonces es apenas natural que Jesús se haya identificado como el Espíritu Santo que vendría a morar en nosotros (Juan 14:15-18). Quienes argumentan que el Espíritu Santo es una persona divina diferente al Padre, o que el Espíritu Santo es solo una especie de energía o poder, demuestran que no le creen a la Biblia y que la cambian por las tradiciones de los hombres.


    Lección 12: Las Cualidades de Dios y el Lenguaje Figurado No Forman Distintas Personas Divinas

    Los pluralistas de todas las líneas (como los arrianos y los trinitarios) suelen tomar ciertas cualidades de Dios para inventar que estas son personas divinas aparte del único Dios Padre. Del mismo modo, suelen malinterpretar el lenguaje figurado, para intentar negar el más grande de todos los mandamientos, que dice que hay un solo Dios al cual debemos amar con todo nuestro ser (Deuteronomio 6:4, Marcos 12:28-30). En esta lección se estudian cualidades de Dios, tales como la Sabiduría de Dios, la Palabra de Dios, la Vida de Dios, el Poder de Dios, El Espíritu de Dios, la Omnipresencia de Dios, la Santidad de Dios, y se estudian textos como el de Génesis 19:24 (Jehová hizo llover sobre Sodoma y Gomorra Azufre y fuego), Daniel 7:13 (El Hijo del Hombre y el Anciano de Días) y Apocalipsis 5:13 (El que está sentado en el trono y el Cordero).




  4. Por Jerry L. Hayes

    Para leer el artículo original en inglés, siga este enlace: HOW IS GOD ONE? Second Edition.

    Traducido al Español en 2020 por Julio César Clavijo.

    Monoteísmo 

    En un estudio de la Divinidad, primero debe haber una definición clara de los términos que se utilizarán. Esto se vuelve especialmente importante en cualquier tipo de discusión, pero particularmente cuando se trata de la visión bíblica de la Deidad. Un ejemplo clásico de esto se encuentra en la comprensión, o debería decir en las diferentes interpretaciones del término MONOTEÍSMO. El monoteísmo se define como la doctrina o creencia de que solo hay un Dios. De todas las religiones mundiales, solo tres profesan ser monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam respectivamente. Para el propósito de nuestro estudio excluiremos al Islam, y consideraremos solo a la primera y a la segunda, a saber el judaísmo y el cristianismo.

    Dado que la fe cristiana surgió en la cuna de la fe hebrea, solamente parece lógico que el cristianismo mantenga las enseñanzas monoteístas de sus antepasados espirituales hebreos. Si bien consideramos que este hecho es verdad en el cristianismo genuino, debemos reconocer que una forma mutada de monoteísmo ha aparecido y se ha extendido a través de las filas de la cristiandad, tanto que hasta el día de hoy la mayoría considera a esa mutación como la ortodoxia. Esa forma corrupta de monoteísmo, a diferencia del verdadero monoteísmo de los profetas hebreos, declara que Dios es una unidad compuesta. Por “compuesto” se entiende: “compuesto de, o resultante de la unión de elementos, ingredientes o partes separadas”. Dicha enseñanza llamada la Trinidad, confiesa creer en un Dios compuesto por tres elementos separados y distintos; a saber: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estos elementos diferentes son denominados libremente por los trinitarios como personas. Los laicos de la Trinidad incluso dicen que son Seres. Ellos han redefinido el término 'UNO', para que ya no se refiera al número cardinal, sino al uno compuesto.


    ¿Un Uno Compuesto?

    El trinitarismo llegó tarde al panorama cristiano, infiltrándose en los siglos III al V, y alcanzando su codificación final en el Credo de Atanasio entre los siglos V y VII. Esta llegada tardía se explica como un compromiso entre la ortodoxia modalista del cristianismo original y la doctrina retadora del arrianismo durante los siglos tercero y cuarto. El trinitarismo planteó un lugar intermedio entre el monoteísmo radical del modalismo y el subordinacionismo de Orígenes, Justino Mártir y Arrio. El trinitarismo desarrollado, confesó un semi-monoteísmo de tres personas divinas que son coiguales y coeternas. En el trinitarismo el uno es compuesto; un Dios compuesto de tres unidades/elementos/componentes, llamados personas. Cada persona es completamente Dios, cada persona es totalmente independiente de las otras dos, pero están completamente unidas en propósito y voluntad. Por lo tanto, cuando dicho punto de vista habla de su monoteísmo, no está hablando de un Ser sintiente, sino que en cambio esto significa decir que Dios es compuesto, no solitario.

    Por lo tanto, para que cualquier discusión sobre el tema de la Trinidad sea fructífera, debe incluir una investigación sobre la legalidad de la definición que se use para la palabra: 'UNO'. Por lo tanto, el quid del asunto es: ¿Cuando las Escrituras enseñan que Dios es Uno, esto equivale a decir que Dios es Uno en un sentido SOLITARIO? O ¿Cuando las Escrituras enseñan que Dios es Uno, tienen la intención de enseñar que Dios es Uno en un sentido COMPUESTO?


    El Primer Mandamiento 

    El concepto hebreo de Dios se ve claramente en el Shemá Israel: “OYE ISRAEL: EL SEÑOR NUESTRO DIOS, EL SEÑOR UNO ES” (Deuteronomio 6:4). El UNO aquí referido, es un uno solitario, no un uno compuesto. Esto lo vemos más allá de todo cuestionamiento en Deuteronomio 32:39. Miremos de cerca esta Escritura.

    Deuteronomio 32:39 “Ved ahora que yo, yo soy Él, y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano”.

    Aquí el portavoz es Yahvé (Deuteronomio 32:19), quien solamente es el Altísimo (Salmos 83:18), y quien habla de sí mismo como un solo Ser.

    1. “Yo” (hebreo: ani) pronombre personal en primera persona del singular.
    2. “Él” (hebreo: ju) pronombre personal en tercera persona masculina del singular.
    3. “Conmigo” (hebreo immád) es la preposición 'immád' con el sufijo del pronombre de la primera persona singular. Los pronombres personales en forma abreviada se colocan en sustantivos, preposiciones, etc., para expresar los casos genitivos y objetivos. POR LO TANTO, EL OBJETO DE LA PREPOSICIÓN ES UNA SOLA PERSONA.
    4. “Mi mano” (hebreo: miyad) es el sustantivo “yad” con el sufijo de la primera persona del pronombre posesivo singular. LA MANO FUE LA POSESIÓN DE UNA PERSONA.
    5. Todos los verbos de este verso están en la forma singular de la primera persona. En el hebreo, el verbo debe estar en acuerdo con el sujeto en número y género.

    Por lo tanto, en este versículo la Persona Divina habló de Sí misma como una persona solitaria, y declaró que no existía ninguna otra persona en la deidad.

    Está muy claro que el monoteísmo hebreo consistió en creer en un Dios solitario. No era la comprensión de 'uno' en un sentido compuesto. Creer en Dios como un ser divino solitario es de tanta importancia, que Jesús enseñó que éste es el primero de todos los mandamientos. Cuando un escriba le preguntó a Jesús cuál era el principal de todos los mandamientos, Cristo le dijo que el primer mandamiento es: “Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29).


    Un Uno Solitario

    Jeis, el “uno” masculino. (Ver Strong # G1520) 

    Jesús le respondió: “El primero de todos los mandamientos es: 'Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29). 

    En Marcos 12:29, la palabra griega que se usó para presentar la declaración de Jesús sobre el número de Dios en griego, es la palabra masculina griega para “uno”. Esta palabra es “jeis”.

    El uso de esta palabra en particular es muy importante en nuestro estudio del verdadero significado del término “uno”,  ya que este término se refiere a Dios.

    El interés aquí, radica en el hecho de que se usó la palabra “jeis”, cuando también estaban disponibles otras palabras griegas para “uno” tales como: “jen”, “tis” o incluso “mia”. Hay razones por las cuales la palabra particular  “jeis”,  y ninguna otra palabra para “uno” se utilizó para describir el número de Dios. Por ejemplo, “mia” no podría haberse usado porque es del género femenino. Si se hubiera usado la palabra “mia”, esto significaría que Dios es femenino. La palabra “jen” no pudo haber sido utilizada porque es del género neutro; si “jen” hubiera sido usada, significaría que Dios es un compuesto. (Los trinitarios realmente necesitan que esta palabra esté en Marcos 12:29, pero no lo está). La elección del “jeis” masculino es descriptiva de cómo Dios es uno. A continuación presentamos una lista de comentarios de eruditos sobre el griego “uno”.

    • Joseph Henry Thayer: “Jeis” significa el número cardinal UNO. Cuando la palabra “jeis” toma el lugar de un predicado, significa una persona. (Página 186. A Greek, English Lexicon of the New Testament).
    • Archibald Thomas Robertson: “Uno”, cuando el masculino (jeis) expone la idea del número cardinal “uno”. Al referirse a personas o seres, SIEMPRE el número “uno” está implícito. (Página 186, volumen 5; páginas 526 y 527, volumen 4; página 299 volumen 4. Word Pictures of the Greek New Testament).
    • Bauer: El “uno” masculino (jeis)significa solitario, uno solo. (Página 230. Bauer’s Greek Lexicon).
    • Gingrich: El “uno” masculino (jeis) es equivalente a 'protos'que significa 'primero'. Uno solo; singular. (Página 57, Shorter Lexicon of the Greek New Testament).

    La sorprendente verdad es que “jeis” se encuentra más de 93 veces en el Nuevo Testamento relacionado solamente con personas, y esta palabra nunca se usa para más de una persona. ¡Nunca!

    La importancia de que el griego masculino “UNO” sea usado para las palabras de Jesús (en Marcos 12:29) es esta: Se está declarando que el SEÑOR Dios de Israel es Una Persona.


    Jen, El “Uno” Neutro 

    Como ya se ha dicho, el neutro "uno" (jen) es la palabra que se usa cuando se ve un “uno” compuesto. Esta palabra sería muy importante para la doctrina trinitaria del uno compuesto. Esta palabra griega es la que se usa cuando se dice que varias cosas o seres son uno, como un esposo y una esposa, etc. Para una mejor comprensión de esta palabra, veamos a los eruditos del idioma griego:

    • Robert Young: “Uno” cuando es neutro significa “una cosa”. (Página 719. Young’s Analytical Concordance of the Bible)
    • Joseph Henry Thayer: “Uno” cuando es neutro significa UNIRSE en una voluntad o espíritu. (Página 186 y 187, A Greek-english Lexicon of the New Testament).
    • A. T. Robertson: “Uno” cuando es neutro muestra una unidad; Una unidad de identidad. (Página 526, volumen 4; página 186 volumen 5, Word Pictures of the Greek New Testament)
    • William Edwy Vine: “Uno” cuando es neutro se puede usar para mostrar un número de una cosa, o se puede usar para mostrar la UNIDAD de más de algunos o de una cosa.

    La forma del número utilizado cuando se dice que dos o más personas existen como “uno” es la  forma neutra nominativa “jen”. Esto es muy recalcado en las siguientes Escrituras:

    Juan 11:52. “y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno (jen) a los hijos de Dios que estaban dispersos”.  ∼  En este texto se nos dice que muchas personas deben hacerse UNO. Por lo tanto, se utiliza el neutro nominativo de la palabra “uno”. “JEN” es la única palabra adecuada en este caso.

    1 Corintios 3:6-8. “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa (jen)”. ∼  En este pasaje la palabra “uno” es “jen”, porque se dice que dos personas son una en el sentido de UNIDAD.

    Efesios 2:14. “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno (jen), derribando la pared intermedia de separación”. ∼  Aquí, “ambos” significa judíos y gentiles. Estos dos grupos de personas se hacen “uno”. Debido a que es la UNIÓN de más de UNA persona o grupo, se requiere la palabra neutral “jen”para describir la unidad.

    La importancia de todo esto para nuestra pregunta: ¿En qué sentido Dios es uno, en un sentido solitario o en un sentido compuesto?, es que NUNCA se hace referencia al hecho de que Dios es uno con la palabra neutral (lo cual debía ser el caso si es que hubiera una pluralidad de personas a la vista). Sin embargo, la unidad de Dios SIEMPRE es referida con la palabra masculina “jeis” (lo que debe ser el caso si la unidad significa un uno en número absoluto).


    Conclusión 

    El monoteísmo de la Biblia es tal, que exige la existencia de un solo Ser sintiente como Dios. Además, este único Ser sintiente debe ser adorado solo. La adoración a cualquier persona divina más allá del número “uno” absoluto no es bíblica, no es cristiana e incluso es una blasfemia.


  5.  

    Por Jerry L. Hayes

    Este artículo es un extracto del libro "Godhead Theology: Modalism, The Original Orthodoxy" - "Teología Divina: El Modalismo, La Ortodoxia Original". Para leer el artículo original en inglés, siga este enlace: ECHAD vs YACHID (Answering Objections to Modalism)

    Traducido al Español en 2020 por Julio César Clavijo.

    "Oye Israel: El SEÑOR (YHWH) nuestro Dios, el SEÑOR (YHWH) uno es" — Deuteronomio 6:4


    La Objeción

    La palabra hebrea para uno empleada en el Shemá (Deuteronomio 6:4) es la palabra ekjád. Según los pluralistas, especialmente los trinitarios, el significado principal de ekjádes uno en un sentido compuesto. Textos como Génesis 2:24 (Adán y Eva se convierten en “una [ekjád] carne”), Génesis 34:16 (los hombres de Siquem sugieren el matrimonio con los hijos de Jacob, para convertirse en “un [ekjád] pueblo”), Ezequiel 37:17 (dos palos, que representan a Judá y Efraín se convierten en “un [ekjád] palo”), se citan para demostrar cómo más de uno puede ser uno. Por lo tanto, según ellos, el Shemá está anunciando la trinidad con la palabra ekjád. Además, los trinitarios señalan que había una palabra perfectamente buena en hebreo para el uno absoluto, y que si el Espíritu Santo hubiera querido transmitir la idea de que Dios era solitario, se habría usado esta palabra hebrea en particular; la palabra a la que se refieren es yakjíd. Al postular que el Espíritu Santo no usó la palabra yakjíd, sostienen que la intención del Espíritu Santo fue presentar al Dios de Israel como compuesto.


    La Respuesta del Modalismo

    (…)

    Para empezar, este argumento del campo de los pluralistas es falso y carece totalmente de fundamento. De hecho, tan es así, que es desagradable para este escritor gastar tiempo y energía en esta refutación. Pero dado que muchos de los indoctos son llevados cautivos por enanos teológicos que presentan tales argumentos para la Trinidad, se debe asignar espacio a este ejercicio. A medida que examinamos esta objeción particular contra la fe Monarquiana, la verdad de las palabras hebreas ekjád y yakjíd disipará toda confusión al respecto. Recuerde: Nada sufre al examen excepto el error.


    Tomemos Primero la Palabra Hebrea Ekjád (Strong # H259)

    El hebreo ekjád, se usa de la misma manera que la palabra española uno. Puede significar uno compuesto o uno absoluto. Al igual que nuestra palabra en español, ekjád domina el campo de lo absoluto y lo compuesto. El significado de cualquier palabra, en cualquier idioma, no está determinado por su dominio semántico, sino por su contexto (este es un punto a recordar cuando se considera cómo se usa ekjád en el Shemá). Ekjád enfatiza la unidad, mientras que a veces (muy pocas) reconoce la diversidad dentro de esa unidad. Una panorámica de sus usos está en el libro de Esdras: de 15 apariciones (según mi cuenta), 11 direccionan al uno absoluto, mientras que 4 se refieren al uno compuesto o metafórico. Sin embargo, esta relación no es representativa del uso de dicha palabra en toda la Escritura hebrea. Ekjád se usa cerca de 1000 veces, y solo en raras ocasiones se usa como compuesto. Ekjád aborda el uno absoluto en su gran mayoría de ocurrencias. De acuerdo con mis cuentas, y estoy siendo generoso, ekjád direcciona al uno compuesto o metafórico sólo 28 veces de las 952 ocurrencias si Strong es correcto, o a 962 ocurrencias si Gesenius es correcto. Debido a las diferentes formas de esta palabra, existe una discrepancia entre los académicos en cuanto al número de ocurrencias. Dicho esto, se alienta al lector a mirar en la Concordancia de Strong la palabra uno; allí el lector verá de lo que hablo aquí. Después de que usted vea dicha evidencia siquiera una vez, despreciará para siempre la acusación de que ekjád tiene como significado principal el uno compuesto.

    De acuerdo con la Concordancia Strong, el uso de ekjád se descompone así: uno – 687 veces, primero – 36 veces, otro – 65 veces, cualquiera [uno] – 15 veces, una vez –  13 veces, once –  13 veces, cada [uno] –  10 veces, cierto [uno] – 9 veces, un [uno] –  7 veces; algunos [uno] –  7 veces, misceláneo – 87 veces. (https://www.blueletterbible.org/lang/lexicon/lexicon.cfm?strongs=H259&t=MGNT). Ekjádse usa como sustantivo, adjetivo o adverbio, como un número cardinal u ordinal, y a menudo se usa en un sentido distributivo: uno u otro. Está estrechamente identificado con yakjád “Estar unidos” (pero también con yakjíd) y con rishón (# H7223) “primero, cabeza”, especialmente en relación con el “primer día” del mes (Génesis 8:13). 

    Algunos de los textos más difíciles se examinan en este párrafo. La frase “como un solo hombre” puede significar “todo a la vez” (Números 14:15), y cuando se le dijo a Gedeón que derrotaría a los madianitas “como un solo hombre”, significaba “tan fácilmente como si los madianitas fueran un solo hombre” (Jueces 6:16), así que aquí no hay nada de compuesto. Adán y Eva se describen como siendo “una sola carne” (Génesis 2:24), lo que hace referencia a la futura concepción y al nacimiento en particular, así que aquí no hay uno compuesto. Además si se asume el sentido de que Eva fue sacada de Adán y que fue su contraparte, y que como tal lo completó cuando ambos se unieron en unión sexual (Génesis 5:1-2), nuevamente en este entendimiento no es el uno compuesto el que está a la vista, sino una reunión de dos mitades que forman un entero. Más tarde, Ezequiel predijo que la fragmentada nación de Israel algún día se reuniría, ya que simbólicamente unió dos palos (37:17), y los dos palos se convirtieron en uno, tal como los israelitas divididos se convertirán en el Israel de Dios en el reino mesiánico. Una vez más, Judá y Efraín serán una nación con un rey (37:22), por lo que no hay ningún uno compuesto indicado en esta profecía, ya que se ve un reino literal y absoluto. Abraham fue visto como “el uno” (ekjád) de quien descendió toda la gente de Israel (Isaías 51:2; Malaquías 2:15), el único padre de la nación. Malaquías 2:10 hace las preguntas: “¿No tenemos todos un (ekjád) mismo Padre? ¿No nos ha creado un (ekjád)mismo Dios? En el famoso Shemá de Deuteronomio 6:4, “Escucha, Israel... el SEÑOR es uno (ekjád)”, el versículo se concentra en el hecho de que solo hay un Dios, y que Israel debe su lealtad exclusiva solo a Él (Deuteronomio 5:9; 6:5).

    Durante más de 1500 años, los eruditos hebreos leyeron y enseñaron el Shemá, y nunca consideraron que ekjád hacía referencia a una unidad de entidades en su Divinidad. Hasta el desarrollo de la trinidad [en un tiempo extrabíblico], dicho pensamiento fue impensable, pero a partir de ahí, el Shemá recibió una nueva lectura.

    Hay evidencia convincente (del significado y la comprensión académica del hebreo ekjád) presentada al descubrir cómo fue traducida dicha palabra por los traductores griegos que escribieron la Septuaginta. La Septuaginta (LXX) es el Antiguo Testamento traducido al idioma griego (siglo III a.C.). El idioma griego también tiene palabras muy diferentes para nuestra palabra en español uno. Consideremos dos de esas palabras: el masculino jeis y el neutro jen (Ver Strong # G1520). Jeis se usa cuando se hace referencia a un hombre absoluto. Jen es la palabra neutral para uno, y se usa cuando se dice que dos hombres son uno en unidad, uno en un sentido compuesto. El neutro jen es demostrado por 1 Corintios 3:8 que presenta al que planta y al que riega como una misma cosa (jen). Si los trinitarios estuvieran en lo correcto, y el ekjád de Deuteronomio 6:4 fuera la palabra hebrea principal para el uno compuesto, esperaríamos que cuando se tradujo al griego, los traductores hubieran traducido ekjád como jen, pero ellos no lo hicieron. Los traductores griegos tradujeron ekjád como jeis. Jeis es la palabra griega que significa uno absoluto. Es más, cuando Marcos escribió lo dicho por Jesús: “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29), él también empleó jeis para la palabra uno. (Consulte el Capítulo XXV para obtener más información sobre las palabras jeis y jen). 


    En Segundo Lugar, Consideramos la Palabra Hebrea Yakjíd (Strong # H3173)

    El léxico Brown-Driver-Briggs, dice lo siguiente sobre la palabra “Yakjíd”:

    1. Único, especialmente de un hijo único, Génesis 22:2, 12,16  את בנך את יְחִידְךָ tu hijo, tu único hijo, אֵבֶל יָחִיד Amós 8:10; Jeremías 6:26 llorando por un hijo único, כמספד על היחיד Zacarías 12:10; Proverbios 4:3 רַךְ וְיָחִיד לפני אמי; en femenino יְחִידָה Jueces 11:34.

    2. femenino יְחִידָה como sustantivo Salmo 22:20; Salmo 35:17 יְחִידָתִי mi única, poéticamente para mi vida, como la única posesión de valor incalculable que nunca puede ser reemplazada (en cada נַפְשִׁי).

    3. Solitario, Salmo 25:16 כי יחיד ועני אני; Salmo 68:6 מוֺשִׁיב יְחִידִים בַּיְתָה causando solitarios, los aislados (es decir, sin amigos o exiliados; אֲסִירִים) vivir en casa (Lag Ch y otros מֵשִׁיב trayendo de vuelta a casa). 

    Yakjíd se encuentra en solo 12 lugares a lo largo de las Escrituras hebreas: Génesis 22:2, 12, 16; Jueces 11:34; Salmos 22:20; 25:16; 35:17; 68:6; Proverbios 4:3; Jeremías 6:26; Amós 8:10; Zacarías 12:10.

    12 ocurrencias: 

    Génesis 22:2, “…tu hijo, tu único, Isaac”. 

    Génesis 22:12, “…tu hijo, tu único”.

    Génesis 22:16, “no me has rehusado tu hijo, tu único hijo”

    Jueces 11:34, “y ella era sola, su hija única”. 

    Salmo 22:20, “…Del poder del perro mi vida”. 

    Salmo 25:16, “...Porque estoy solo y afligido”.

    Salmo 35:17, “mi vida de los leones”.

    Salmo 68:6, “en familia a los desamparados”. 

    Proverbios 4:3, “Delicado y único delante de mi madre”.

    Jeremías 6:26, “ponte luto como por hijo único

    Amós 8:10, “y la volveré como en llanto de unigénito”. 

    Zacarías 12:10, “y llorarán como se llora por hijo unigénito

    La sugerencia por parte de los pluralistas de que yakjíd debería haber sido la palabra utilizada por Moisés si pretendía decir que Dios es una persona/entidad/individuo, es rechazada por las siguientes razones:

    Primero, en Génesis 22:2, 22:12 y 22:16, Isaac es llamado el “único” (yakjíd) hijo de Abraham. Lo importante a reconocer es que Abraham tuvo otro hijo, y sin embargo Isaac es llamado yakjíd. Obviamente el significado aquí es la singularidad y/o el valor inapreciable, es decir, el tipo de hijo.

    En segundo lugar, yakjíd se usa en los Salmos 25:16 y 68:6 para describir la emoción de la soledad.

    En tercer lugar, yakjíd, del Salmo 35:17, significa: “mi única, poéticamente para mi vida, como la única posesión de valor incalculable que nunca puede ser reemplazada” (Brown-Driver-Briggs).

    Cuarto, y quizás lo más importante, yakjíd nunca se traduce uno en la Escritura. Arriba mostramos cada lugar donde se usa yakjíd, y tiene los significados de “único”, “hijo único”, “desamparado”, “solitario” y “[vida] de valor incalculable”, pero nunca se presenta como uno. Es cierto que la palabra yakjíd tiene un significado de solo o único, pero su significado también incluye desamparo y valor incalculable. Sostenemos que yakjíd no se usó para describir la unidad de la Deidad porque no habría sido apropiado. Si yakjíd se hubiera usado para describir a Dios, no nos hubiera transmitido necesariamente cuántos dioses hay (pues Isaac fue llamado yakjíd, aunque no era el único hijo de Abraham), sino la clase de Dios que es. El sentido de singularidad o pluralidad se deriva de la singularidad o la pluralidad del sustantivo, no de la palabra uno.

    Sin embargo, hay una palabra hebrea para uno, que podría haberse usado en caso de que eso fuera cierto, para decir que Dios era una pluralidad de personas juntas en uno: esa palabra es yakjád (Strong's # H3161; vea el léxico Brown-Driver-Briggs, página 402). Yakjád es la fuente de las palabras ekjád y yakjíd. Esta palabra realmente significa “unirse en uno”. Es muy revelador que esta palabra estuviera disponible, pero que el Espíritu Santo no haya inspirado a Moisés para emplearla al describir a Yahvé. 


    Abordando la Mentira de que los Judíos Cambiaron Ekjád a Yakjíd

    Hay una narrativa falsa que circula, que dice que después del desarrollo del cristianismo, los eruditos judíos editaron el Shemá para pronunciar yakjíd en lugar de ekjád. Llamarle mentira a esto es muy correcto. 

    El origen de dicha mentira puede provenir de confundir el texto de la Biblia con los Trece Principios de Fe compuestos por Maimónides. Éste hombre (también conocido como Rambam; 1135-1204) fue médico del Sultán Saladino y líder comunal de la judería egipcia, así como una figura importante en la codificación de la ley judía. Como tal, él conocía las apologías y las interpretaciones católicas romanas del Antiguo Testamento. Es posible que él se haya encontrado con el uso que el catolicismo le dio a la palabra ekjád para intentar demostrar que el propio Moisés insinuó la triunidad de la Deidad en Deuteronomio 6:4. Para contrarrestar esta idea, Maimónides optó por emplear el sustantivo yakjíd en su "Segundo Principio de Fe".

    “Creo con fe perfecta que el Creador, bendito sea su Nombre, es Uno [yakjíd] y no hay ninguna unidad [yakjíd] como la suya bajo forma alguna, y que sólo Él es nuestro Dios, quién fue, es y será siempre”.

    La verdad es que ekjád nunca ha sido editada en el Shemá, porque ésta es la palabra apropiada para describir la unicidad absoluta y solitaria de Yahvé. En todas las formas del Shemá, tanto antiguas como modernas, ekjádes destacada como uno


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